
Teté Coustarot charló con el actor para Democracia. El galancito realizó un divertido repaso de su vida y de su corta pero exitosa trayectoria. “Jamás hubiera imaginado ser tan importante dentro de un programa con tanto éxito”, confesó.
Gastón Soffritti charló con Teté Coustarot para el Semanario Democracia sobre su vida y su personaje en “Graduados”, Martín.
Con apenas 20 años, lo afronta con una responsabilidad que asombra. “Jamás hubiera imaginado ser tan importante dentro de un programa con tanto éxito”, cuenta Gastón sobre las sensaciones que le genera ser parte del acontecimiento televisivo del año.
Aunque en su currículum aparezcan otros sucesos como “Patito feo” y “Chiquititas”, él siempre trató de mantener los pies sobre la tierra. “En el secundario tenía un perfil bajo, no me quise llevar a todos por delante por estar en la tele”, explica. Y confiesa: “Hace cinco años que estudio teatro y pienso seguir; uno nunca deja de aprender”.
– En esto de ser representativo de una generación, ¿te pasa que te digan “te parecés a mi hijo en esto”? ¿Te vinculan con situaciones de la vida cotidiana?
– Sí, me dicen “sos parecido a mi hijo”. Lo que más me llama la atención es que ese parecido también lo vean en lo físico; me muestran fotos que en algunos casos no tienen nada que ver, pero ellos lo sienten de esa manera. En otros casos se da el parecido en los ojos, las cejas, pero no más que eso.
– Es que estás haciendo un rol que no es tan fácil de hacer y está muy bien logrado, con mucha naturalidad. Eso hace que la identificación llegue. ¿Empezaste de muy chico?
– Arranqué a los 9 años en “Yago, pasión morena”, con Facundo Arana y Gianella Neyra, acá en Telefé. Yo hacía de un primo de Facundo, hijo de Norberto Díaz; llegué ahí por medio de un casting donde participaron muchos chicos. Le insistí mucho a mi mamá para que me llevara hasta que la convencí y me acompañó.
– ¿Soñabas con la tele o el teatro?
– Me gustaba el teatro. Empecé a estudiar de muy chiquito en la escuela de Ana Pechman, cuya nieta hoy es mi representante.
– ¿Después de “Yago” qué vino?
– Hice una obra de teatro muy linda que se llamó “Pequeños fantasmas”, en Multiteatro, con Osvaldo Santoro. Mi papel era él cuando era chico. Fue buenísimo.
–¿Eso fue lo primero importante en teatro?
– Sí, era calle Corrientes. Yo no me daba cuenta en ese momento porque tenía nada más que 10 años; ahora recién caigo. Para mí fue hermoso descubrir todo ese mundo, el escenario. La obra era de jueves a domingos y mis abuelos me llevaban todos los días en tren y subte hasta la estación Uruguay.
– ¿Te tocó viajar?
– Mucho, aunque no con “Chiquititas” sino con “Patito feo”, otro fenómeno.
– ¿Por dónde estuviste?
– Estuvimos en toda América. En Sudamérica, sacando Bolivia y Brasil, hicimos todos los países. En Centroamérica también hicimos casi todo: actuamos en República Dominicana, México, El Salvador, Guatemala, Panamá, Costa Rica; y en varios estuvimos más de una vez, como por ejemplo en México, donde llegamos a estar en diez ciudades.
– ¿Qué sentís con este papel que estás haciendo en “Graduados”? La historia pesada de la tira ronda en torno a tu personaje. Además es “el” programa de televisión del 2012.
– Está buenísimo. Si lo pensaba de antemano, jamás lo hubiera imaginado de esta manera. Tampoco sabía que el personaje iba a ser así. Cuando me llamaron estaba haciendo “Historias de la primera vez”, unos unitarios del Incaa que pasaron el año pasado por América; me tocó hacer un personaje muy lindo con Arturo Bonín. En un principio no podía aceptar porque estaba contratado por otra empresa para un proyecto con Disney, pero al final nunca se terminaba de concretar, entonces pedí que me dejaran aceptar la propuesta de Telefé y Underground sin saber de qué se trataba, porque no quería dejar pasar oportunidades por algo que se dilataba cada vez más. Además, algo presentía, no sé por qué la idea me gustaba mucho. Cuando empecé a ver los libros enseguida me di cuenta de la importancia que tenía la propuesta… y cada vez más, porque al principio no era tanto el protagonismo, después sí.
– ¿Cómo trabajás el personaje para que parezca tan creíble? Porque si bien tenés más o menos la misma edad, existe todo un trabajo.
– Acá hay un laburo de dirección muy groso que se hizo desde el principio. Se bajó una línea de entrada para ver, más o menos, adónde íbamos todos. Al principio no lo encontrábamos porque es difícil trabajar todos de la misma manera, entonces se rehicieron varias escenas hasta que le pudimos encontrar la vuelta. De todas maneras, hubo algo que para mí fue clave: todos tenemos muy buena onda. Venimos a laburar muy contentos, leemos previamente y nos damos el tiempo necesario para grabar, no existen presiones. Por eso estamos tan cerca del aire; grabamos y a los dos días ya salen las escenas.
– ¿De qué club de fútbol sos hincha?
– Soy muy fanático de San Lorenzo. Fue un año difícil para nosotros, pero por suerte terminó bien. Tanto sufrí que tuve que prometer que si nos salvábamos del descenso me hacía un tatuaje. Nos salvamos y cumplí, me hice un cuervo en la pierna.
– ¿Mucho sufriste?
– Muchísimo. Lo pensé un poco antes de hacérmelo por miedo a que me doliera, pero entendí que si nos íbamos a la B iba a sufrir mucho más, así que me lo hice. El día que nos salvamos estaba en la cancha; lloré mucho. Estaba con mi viejo que también es fanático, pero te terminás abrazando con cualquiera. Tengo mucho amor por el club; en la fiesta por el centenario estaba sentado al lado de dos jugadores que para mí son ídolos: Gorosito y el Beto Acosta. No lo podía creer. Cuando salimos campeones en 2007 me invitaron a jugar para el equipo de actores en el partido que se hizo por los festejos. Eso para mí fue lo máximo.
La nota completa en la edición impresa de Democracia, que ya está en todos los kioscos.
Inicio | Canales RSS | Depto. Comercial| Contáctenos | Condiciones de Uso