
Las desprolijidades han sido un denominador común en el recambio de los planteles de Alvarado y Unión para la próxima temporada del Argentino A. Situaciones que quizás no resultan novedosas pero que sacan a relucir una vez más que el valor de la palabra está en vías de extinción.
Las ansias de sacar ventaja, la especulación, la poca franqueza para afrontar decisiones y ciertas miserias hicieron de este receso una suerte de “cambalache” en el que cuesta señalar con el dedo a pocos responsables. Son muchos.
Quizás no sea un buen ejemplo, pero se evitará desde esta columna, ponerle nombre y apellido a las situaciones.
En un rápido repaso de las informaciones del último mes se pueden rescatar situaciones, cuanto menos llamativas. Uno de los clubes difundió la intención de renovar con varios jugadores de la última campaña. A dos de ellos, no los llamaron nunca más y no seguirán. Por uno de ellos, a pocos días del inicio citaron a su representante para negociar. Lo dejaron clavado y ni siquiera se comunicaron por teléfono. Tampoco los llamaron, ya con los trabajos en marcha, para decirles que no los precisaban. Se dieron cuenta solos…
Uno de los refuerzos, estuvo debatiéndose entre dos clubes. Una noche aseguró que se quedaba en el de la localidad vecina y 12 horas después se despidió de su equipo y se vino a su ciudad.
Uno de los integrantes importantes del ascenso, arregló su continuidad. Con la llegada de otro refuerzo, el puesto parecía estar cubierto. Pero a horas del inicio, se incorporó sorpresivamente otro jugador (que le había dado su palabra a un equipo del sur). Conclusión: el que estaba del año pasado, armó el bolso y se fue al equipo del sur, el mismo que había arreglado con el jugador que se sumó a lo último.
En medio de todo esto, un distanciamiento entre el club y el representante de varios jugadores, dilató y complicó más de la cuenta las negociaciones. ¿Puede un encono personal poner en juego las prioridades en el armado de un plantel? Sí.
Del otro lado también estuvo movidito. Primero con la amenaza de no participar si no se cambiaba el formato del certamen. No se cumplió.
Después, con el principio de un nuevo proceso, se quedaron afuera algunos jugadores muy importantes de los últimos años. Pero recién se lo dijeron con los entrenamientos en marcha y no de manera muy directa. Ejemplo: a un jugador que había sido titular varios torneos le propusieron “una prueba”. Al otro lo hicieron entrenar varios días y luego le comunicaron que no entraba en el esquema de juego previsto. ¿No hubiera sido mejor avisarles de entrada que no estaban en los planes? Les quitaron varios días de negociación con otros clubes para seguir su carrera. Ingratitud.
Por supuesto, nadie asume ni asumirá el costo de las decisiones. Todos se “pasarán la pelota”. No es la primera vez que en el mismo club, algún jugador importante se va por la puerta de atrás.
En definitiva, en una sociedad carente de valores, todas estas situaciones no hacen más que reflejar el poco valor que se le da a la palabra. Casi nulo. En definitiva, como dijo alguien por ahí, “lo que firmás con la boca, lo pagás con el trasero”. Parece ser así nomás…
EN ESTA EPOCA LOS JUGADORES HACEN EXACTAMENTE LO MISMO QUE LO CLUBES ,LOS JUGADORES TIRONEAN HASTA ULTIMO MOMENTO Y JUEGAN A SACAR UN PESO MAS CON REPRESENTANTES
QUE ESTIRAN LA AGONIA HASTA ULTIMO MOMENTO CASO ESQUIVEL
EN ALVARADO. EL TEMA DE ESTEBAN RIVAS CUANDO ALVARADO DESCENDIO DESAPARECIO Y NO ESPERO QUE LO LLAMARAN, AHORA SE QUEJA PORQUE NO LO LLAMARON O DEJARON PLANTADO AL REPRESENTANTE EL TAMBIEN DEJO PLANTADO A LOS DIRIGENTES EN SU MOMENTO.
muy buena nota. de las mejores de opinion que lei en el ultimo tiempo.hernan es un muy buen periodistas que camina las canchas. lamentablemente la nota marca la \irrealidad\ en la que vive el futbol en nuestra ciudad y faltarian agregar varios ejemplos mas. una verdadera pena que en nuestro futbol se hayan perdido los \codigos\ jugadores, cuerpos tecnicos y directivos ya no son los de antes. lastima..
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