El técnico marplatense que consiguió la clasificación histórica a los Juegos Olímpicos de Londres con la Selección Argentina de beach voley femenino, profundizó con El Atlántico, más allá de esa enorme proeza, sobre el presente y futuro del deporte
Pablo Bernardi, marplatense que dirige las selecciones de beach argentino, pasó por El Atlántico antes de emprender el viaje Londres. Porque semanas atrás, consiguió la clasificación histórica (por primera vez) a los Juegos Olímpicos, en la rama femenina.
Pese a su juventud, sumó notable experiencia desde la preparación a Martín Conde, cuando el marplatense se erigió entre los mejores del mundo como jugador, y ahora vuelca esa trayectoria, con el acompañamiento de su gran amigo Martín, en los seleccionados nacionales. Con magníficos resultados, desde la medalla de bronce en los Panamericanos de Guadalajara con la dupla de la “Feliz” Suárez-Etchegaray, hasta esta resonante plaza olímpica en damas.
No obstante, Pablo no se encandila y planifica este gran presente en procura del crecimiento disciplinar. Admite que “crecimos, pero estamos lejos todavía”.
- Preparaste un equipo que hizo historia en el deporte nacional.
Ha sido inmenso lo que se obtuvo, pero quizás ahora no podemos darle la dimensión que considero se tomará con los años. Tampoco tenemos la certeza si volveremos a competir. Espero que sí. También acarrea mayor responsabilidad haber entrado en la historia grande de un deporte. Ahora la meta es dejar algo para los que vengan detrás. Lo máximo será que el beach voley se juegue todo el año y no por un par de meses, como sucede actualmente.
- ¿Cuánto tuvo de sacrificio esta clasificación?
Igual siempre a los jugadores que entreno trato de inculcarles que esto no es sacrificio. Sí debemos esforzarnos para trabajar y mejorar. Pero sacrificio lo hacen en otras personas, en otros ámbitos. Si bien ahora contamos con mayores ayudas económicas -como el Enard, la Secretaría de Deportes de la Nación, el COA o la propia Federación- y se ha mejorado muchísimo, la realidad es que comparados, en nuestro caso, con un equipo europeo la diferencia es abismal.
- Más allá del logro, ¿están lejos en comparación a las potencias?
Tal cual. Las distancias que hay en Europa te permiten poder jugar entre 12 y 15 torneos respecto de la gira mundial. Y les sale nada, en relación a nosotros. Por ejemplo, para que 2 jugadoras argentinas puedan disputar el circuito mundial necesitarán mínimo 50 mil dólares durante 6 meses. En contrapartida, si se compara con otros deportes de alto rendimiento, es una cifra módica. Pero nosotros no contamos con ella actualmente.
- ¿A quién tener como espejo?
El ejemplo es Brasil. En política deportiva lo miro. Porque es la potencia que más cerca tenemos y que más se asemeja a nuestra cultura. Hacen todo bien. Hay que seguirlos, copiarlos y unirnos para poder llegar a estar en lo más alto. De a poco estamos haciendo eso.
- Fue rival por la final de la Continental Cup, ¿sirvió pese a la derrota?
Siempre sirve. Además los entrenadores brasileros son amigos y nos ayudan. Ven un potencial y colaboran, porque saben que si nosotros crecemos a ellos les servirá para fortalecer la región. Un Argentina-Brasil será un gran producto para vender. Todavía estamos lejos. Ellos ya tienen 15 años trabajando y hasta el clima perfecto para hacerlo. Ni hablar de la cantidad de jugadores.
- ¿Cómo arrancó el camino?
El camino de la Continental arrancó en Mar del Plata. En rama masculina Chile nos ganó 3-2 por golden set y en rama femenina barrimos 4-0 a Perú. Cuando terminó ese partido recuerdo que nos reunimos con Juan Antonio Domínguez, que era el secretario en beach voley de la Feva, y acordamos apuntar a las chicas para que lleguen a Londres, al ser algo nuevo y todos los países estábamos “verdes”, a excepción de Brasil. Entonces, con la evolución del trabajo podríamos sacar una diferencia.
- Un contrapunto, porque venían en auge los varones tras la medalla panamericana.
Claro, en el femenino los últimos Juegos Panamericanos significaron los primeros donde se participó en la historia. Con Ana Gallay había trabajado, pero poco. Con Virginia Zonta nunca. Sólo por videos y mediante su entrenador sabía de ella. La conocí personalmente en Guadalajara. Con el equipo marplatense superamos las expectativas (NdR: Pablo Suárez y Santiago Etchegaray ganaron la medalla de bronce), nos fue increíble. Mientras que con las chicas, no me voy a olvidar que jugamos el primer partido contra Canadá (un equipo que está 14º en el Mundo) y perdimos 2-1. Ver llorar a las chicas cuando terminó, porque tuvieron la chance de ganarlo, me quedó palpable. Aún mayor fue el desconsuelo, cuando jugaron el último partido y no pudieron avanzar de ronda. Ahí yo les dije que cosas pasan por algo y que debían aceptar lo que les tocó vivir en ese momento, porque tendrían revancha a futuro. Así pasó. Fueron a Ecuador y salieron segundas en el Sudamericano, mientras que en la Continental Cup perdieron un solo partido de 8 disputados y eso les posibilitó buscar la clasificación a Londres ante Uruguay.
- ¿Pasó a ser una obsesión?
Sí. Un amigo del COA me mandó una foto de la cancha donde se jugará en los Juegos Olímpicos, entonces, como todos los días veíamos videos de Uruguay, prendía la computadora y se la mostraba a las chicas al decirles que se imaginen jugando ahí. Fue nuestra obsesión. De a poco fuimos puliendo como equipo. Nos sirvió muchísimo para subir el nivel haber participado en el Circuito Mundial, entre Brasilia (Brasil), Sanya y Shangai (China).
- Tuvo sus espinas el camino hacia Londres.
En el medio de la gira, a Luciana (Forguez), integrante de la dupla 2, le falleció el hermano. Estábamos a un mes de jugar la plaza a Londres. Era lógico que ella llegaría muy mal psicológicamente, pese a sus deseos de continuar. Yo venía trabajando con Georgina Klug, ante cualquier imprevisto. Pero estaba en el exterior porque había conseguido un gran contrato para voley indoor. Una vez que pasó lo de Luciana, la llamé de inmediato y se sumó con notable solidaridad y compañerismo. Por su parte, a Silvana (Olivera) la teníamos “escondida”. La conocíamos porque su marido es entrenador de España. Siempre quisimos sumarla, pero nunca logramos combinar el momento. Justo en el menos esperado, se nos dio. Cuado llegamos a Argentina, pasó lo previsible. Luciana renunció y obviamente nosotros desde el primer momento preferíamos que se dedique a su familia, aunque esperamos a que ella tomara la decisión. Tuvimos tres semanas para preparar la nueva pareja. Que, más allá del nivel, fue fundamental para cambiarle la estrategia a Uruguay de improviso, con jugadoras que no tenían registro. Además, hay que destacar que vinieron a jugar por el amor al deporte y el país. Sabían que ellas ni irían a Londres. Y jugaron bárbaro.
- ¿Ahora, en Londres?
Será duro. Nosotros esperamos pasar la primera ronda. Después, veremos qué pasa en los play off, a partir de los cuadros que se conformen. Nuestra complicación es que las potencias nos sacan ventaja porque tienen permanente roce de alta competencia. Los 24 equipos tienen más de 30 torneos jugados, mientras nosotros tenemos 3. Además, podemos alcanzar el mismo nivel físico, técnico y táctico, pero lo emocional impera bastante en este deporte.
MAR DEL PLATA CAPITAL
La mayoría de los grandes exponentes en beach voley surgieron de Mar del Plata. Lógico que el ícono más palpable es Martín Conde, con títulos mundiales y varias presencias olímpicas. Una ciudad balnearia como “La Feliz” es óptima para la práctica de este deporte, sobre todo por la cantidad de chicas y chicos que se acercan para desarrollarlo, más precisamente en los veranos.
“Hay una estructura natural y la única cancha techada del país es Cedetalvo. Hoy le están poniendo una alfombra térmica debajo de la arena. Es un gran avance. Falta que las tierras se cedan definitivamente para que podamos hacer un centro de alto rendimiento. Tenemos todo, ahora necesitamos de las decisiones políticas y compromiso para ayudarnos. Es decir, la Selección Argentina cuenta con un gran apoyo, pero hace falta que le quede algo al deporte. Como así se hace con otras disciplinas en función de integrar a los chicos de bajos recursos, el beach voley es ideal. Dos postes, una red, una pelota y una malla. Simplemente eso se necesita. Por ejemplo, muy pocos saben que Cedetalvo está abierto lunes, miércoles y viernes de 16,30 a 18,30 y es gratuito”, detalló Pablo.
También entendió: “Hay que aprovechar que estamos con un seguimiento importante de la gente. Después de los Panamericanos del ‘95, me acuerdo que todos querían jugar al voley. O al hockey por las Leonas o lo mismo que con básquet por la “Generación Dorada”. Permitir que haya canchas en las playas públicas sería decisivo, más allá de Cedetalvo. Así como es capital nacional del surf, debe serlo en beach voley”.
¡QUÉ AMIGUITOS!
La práctica y el trabajo con el deporte le depararon a Pablo Bernardi el conocimiento, acercamiento y la amistad con dos marplatenses que se convirtieron en los mejores dentro de sus disciplinas.
Martín Conde -que disputó más 200 torneos World Tour, integró la mejor pareja del ranking profesional y estuvo en 4 Juegos Olímpicos por beach voley- y Juan Martín Díaz -el mejor jugador profesional del mundo desde el 2006, multicampeón mundial y del Pro Tour en pádel- son las amistades en cuestión.
Pablo explica que Conde fue, indirectamente el que lo marcó para su carrera de entrenador: “Empecé a jugar al beach voley, mientras era preparador físico. Lo combiné hasta conocer a Martín Conde. Luego me lastimé el hombro, me recuperé; pero antes había ido a Antenas 2004 con Martín y a partir ahí me hizo el ‘click’. Me di cuenta que me gustaba más estar entrenando a jugadores. Más en el caso de un grande. Me fui enganchando y relacionando con demás entrenadores. Me motivó a instruirme”. La relación se profundizó tanto que: “Soy padrino de su hija y días antes del partido contra Uruguay cumplió años. Me emocionó saber que él estuvo a nuestro lado, ayudándonos y no pudo disfrutar de ella. Que el ‘número uno’ perdiera el cumpleaños de su hija para colaborar, fue increíble”.
Mientras que con “Galleguito” forjó la relación a partir del trabajo: “Hace tres años. Hasta el día de hoy sigo entrenándolo físicamente a distancia. Cuando tengo mis ratos libres en verano, hacemos la pretemporada fuerte con Juan. Incluso, ahora que iremos de preparación a España con las chicas, estaremos un día alojados en su casa. Él mismo nos pidió que vayamos”. Pablo amplió: “Tenemos una excelente relación y un aprecio mutuo. Además me permite seguir haciendo algo que me gusta mucho como la preparación física me gusta mucho. Su humildad es lo que lo hace tan grande. Por encima de todos los títulos que logró”.
POR ELLA
El acercamiento de Pablo Bernardi al deporte, tanto para la práctica como luego como ocupación laboral, dependió de su mamá. A quién perdió hace 8 años, según explica: “La gran impulsora a que yo haga precisamente beach voley. Fue mi motor para esto. Ella vivía en todos los campeonatos. Conocía a todos los jugadores y la querían mucho porque los defendía a morir. Por Martín (Conde) tenía una gran idolatría. Una vez a mi hermano criticó una falla de Martín en un partido y mi mamá lo retó enfurecida en el medio de la tribuna”. Por esa esencia, siempre está presente: “Cuando logramos la clasificación a Londres, estuve junto a mi viejo y hermano en la cancha y compartimos una alegría única. Pero admito que la primera persona que se me cruzó fue ella. Conseguimos el sueño que compartíamos”.
En tanto, analiza que esta competencia olímpica le lleva en un momento ideal en lo personal: “Mi familia está bien, yo estoy soltero y le puedo dedicar el tiempo que este deporte y mi pasión necesitan. Si bien tengo 33 años, desde los 18 que estoy dando vueltas por el mundo con el beach voley. Lo dejé todo por este objetivo. Durante los últimos 2 meses no dormí por ese partido contra Uruguay. Estuve obsesionado por el trabajo. De hecho, mis jugadores me dicen que estoy loco”.
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