De regreso a Unión repasó su corto paso por Bolivia, donde vivió sensaciones encontradas. Por un lado la alegría de haber convertido varios goles y por el otro su lesión y algunos inconvenientes al momento de cobrar. Abierto a todo diálogo, analizó el país particular que preside Evo Morales
Toda experiencia suma. Para bien o para mal. Desde cualquier plano. Futbolístico y humano. Donde a veces hay que resignar algunas cosas para poder ganar otras. Jesús Collantes conoce bien esa premisa porque padeció y disfrutó de sus vivencias en su corta estadía en Bolivia.
Estuvo apenas cuatro meses a préstamo en Jorge Wilstermann (Segunda División), festejó 5 goles en los 8 partidos que jugó, sufrió la rotura del ligamento interno en su rodilla derecha, rescindió contrato y regresó a Mar del Plata para recuperarse, iniciar la rehabilitación y ponerse a tonó con el físico en procura de volver a ser tenido en cuenta en Unión, el club que lo formó.
No tuvo mayores riesgos en su adaptación climática, pero padeció algunas diferencias en el juego que estaba acostumbrado. Se sintió “aislado” dentro del área porque no lo abastecieron como le pasaba en el “Celeste” de Marcelo Zwicker. Sin embargo, pagó con creces y terminó con una buena efectividad en la red.
Pero más allá del aspecto futbolístico, el delantero conversó distendida y ampliamente con El Atlántico. Habló de cómo se vive el deporte más popular del mundo en el país vecino, la exigencia del público, la sociedad misma y las grandes diferencias entre los que más y menos tienen. Por ejemplo, resulta contradictorio que en una nación donde la pobreza esté tan marcada, los dirigentes paguen en dólares a sus jugadores.
-¿Cómo analizás tu experiencia en Bolivia?
-Fue positiva, porque más allá de cosas buenas y malas, me sirvió para mejorar desde lo personal. Lamentablemente sufrí una lesión importante y me quedó una sensación amarga de no poder jugar los últimos dos partidos. Estuvimos a un paso del ascenso directo, pero por suerte logramos ascender mediante la promoción.
Me tuve que volver porque me querían operar sin estudios previos. Hablé con la gente de Unión y me dijeron que me recuperara en la ciudad. Para eso tuve que rescindir el contrato. Ahora estoy tratando de recuperarme del todo.
-¿La pasaste bien?
-Al principio no fue fácil. La pasé mal. Tenía que estar encima de los dirigentes para poder cobrar. El tema fue que cuando llegué el club estaba mal económicamente y encima el público no acompañaba como se esperaba porque venía de descender. La situación no era la mejor, pero de a poco fue mejorando hasta que terminamos jugando para 25.000 personas.
-Se habla mucho del efecto altura, ¿lo sufriste?
-En general, no me costó la adaptación, si bien por momentos me sentía con fiaca, cansado y hasta con dolor de cabeza. No sólo cuando me tocaba jugar, sino también al momento de salir a caminar un rato por la ciudad. Me puse bien físicamente y bajé un poco de peso. Pero también depende de cada uno, no de lo psicológico, sí del organismo.
Por ejemplo, me contaron de jugadores que no pudieron jugar un minuto y de otros que al momento de ingresar no aguantaron mucho tiempo. De hecho lo viví con un compañero brasileño cuando fuimos a jugar a El Alto (NdR: se encuentra a unos 4.070 metros sobre el nivel del mar; ciudad que tiene una población de 1.184.392 habitantes), donde además hacía mucho frío. Sin embargo, ese partido lo jugué completo y ahí convertí mi primer gol (NdR: victoria 3-1 ante JV Mariscal).
-De lo que viste, ¿te gustó el fútbol boliviano? ¿Cómo se ve desde adentro?
-En la segunda división no vi muchos jugadores técnicamente dotados. Noté que están bien preparados en lo físico, como donde estuve yo, con varios jóvenes que corrían mucho, que se complementaban con los grandes. Sin embargo, no observé mucho juego asociado. Y eso lo padecí, porque a los delanteros no nos llegaban muchas pelotas limpias. Muy pocas veces estuve mano a mano con el arquero.
Igualmente, me tocó llegar en una instancia casi final, donde estaban los mejores equipos en busca el ascenso. Ahí comprobé que los defensores son muy duros y pegan mucho.
-¿Alguna similitud con el argentino?
-Es totalmente diferente. Acá los defensores se hacen sentir, te van fuerte pero no te pegan. Allá directamente te pegaban. Algún taponazo me llevé de recuerdo (risas). No creo que haya sido de mala leche, más bien por falta de experiencia para marcar.
Mientras el ida y vuelta de preguntas y respuestas paró por unos instantes, Jesús hizo memoria y comenzó a mencionar algunos de sus compañeros durante su estadía en Cochabamba. “Estaba con un cordobés que se llama Pablo Olmedo, el brasileño Mauro Machado, el mismo que atajó en la final de la Sudamericana para Bolívar que ganó Boca (2004), y su compatriota Ítalo de Souza. Después eran todos bolivianos”, recordó.
FÚTBOL, CULTURA Y SOCIEDAD
Suelto a todo tema, Jesús Collantes también se tomó su tiempo para hablar de cuestiones ajenas a la pelota. Antes de contar cómo se vive el fútbol en la nación que gobierna el presidente Evo Morales desde el 2006, el marplatense analizó otras cuestiones valiosas.
-¿Qué podés decir del país que recorriste?
-Lo vi muy mal. Están muy atrasados en el tiempo. Sea en el plano estructural o educacional. Yo vivía en Cochabamba (NdR: situada en medio de Bolivia, tiene cerca de 618.000 habitantes y es la tercera ciudad en importancia desde lo económico) y estaban construyendo mucho, pero igualmente les falta. Me llamó la atención cómo viven y la pobreza que existe. Nenes muy chicos pidiendo en la calle y a veces familias completas.
-Se dice que la brecha entre los que más y menos tienen es muy amplia, ¿es así?
-No existe la clase media. Lo que pude comprobar es que la gente que tiene, tiene mucha plata, y el que no tiene, no tiene nada. Es muy feo. Aparte, los locales comerciales continuamente están pidiendo empleados, porque nadie quiere trabajar con ellos. La cuestión es que los sobreexplotan y no les pagan bien. Entonces, los ciudadanos prefieren vender en la calle, lo poco que tengan, que hacerlo para alguien.
-¿Te llamó la atención cobrar en dólares?
-Sí, es medio contradictorio por la pobreza de la cual hablaba. Allá se usa el Boliviano, pero si querés pagar en dólares también se puede. Hasta los taxistas te aceptan la moneda estadounidense.
-¿Cómo se vive el fútbol?
-La gente es muy pasional. En Cochabamba pasan de amarte a odiarte en un momento. Allá es blanco o negro. No tienen un punto medio. Por más que en el partido anterior hayas convertido un gol o sido figura, si al otro no rendís te dicen de todo. Y jugar contra eso es muy difícil. A un compañero lo fueron a amenazar al hotel porque se había errado dos goles. Por suerte lo mío fue bastante parejo (risas).
Con la cabeza en Unión
Mientras se recupera de su lesión y entrena a la par del plantel de la Primera local, el delantero confía en ganarse un puesto en el equipo de Alberto Fanesi, recientemente elegido como sucesor de Marcelo Zwicker. “Lo estoy haciendo hace tres semanas, si bien la rodilla me molesta un poco, pero con gimnasio y movimiento de coordinación estoy fortaleciendo la zona”, contó.
Luego de confiar que tuvo la oportunidad de irse a Olmedo de Ecuador, aunque la lesión le jugó una mala pasada, su objetivo es claro y preciso: ganarse la titularidad.
-¿Qué esperás de esta nueva etapa en el club?
-Las expectativas son las de siempre. Dar lo mejor de uno para poner ganarse un lugar entre los 11 y soñar con llegar lo más lejos posible con el equipo.
-Cuando te fuiste a préstamo, más la partida de Nicolás Gatto, se hizo hincapié en que Unión se quedaba sin un 9. ¿Volvés para ocupar ese puesto?
-Sí. En Bolivia jugué de centrodelantero y es lo que quiero. Me siento muy bien en ese lugar. Aunque tranquilamente me puedo acostumbrar a jugar por los costados, porque también me ha tocado ser volante o enganche. Por suerte tengo la virtud de saber acomodarme a cualquier puesto ofensivo.
-¿Qué recuerdo te queda de Zwicker?
-Fue un buen entrenador, que siempre inculcó el buen juego y el protagonismo de ir a buscar los partidos. Sea de local o visitante. Esa enseñanza me sirvió mucho.
-¿Y del complicado Argentino A qué podés acotar?
-Es una categoría muy difícil. Acá cualquiera te puede ganar. Pasó que en el inicio estaba mal y luego terminó peleando el ascenso. Como al revés. De esos casos hay muchos. Por ejemplo, dos históricos como Huracán de Tres Arroyos y la CAI de Comodoro Rivadavia descendieron al Argentino B.
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