
Aún vigente, afirma que desconoce de dónde viene la inspiración. Nippur de Lagash, Gilgamesh o los varios integrantes de “Mi novia y yo”, son algunos de los personajes que acompañan la vida de muchas generaciones. Un diálogo sin igual con El Atlántico
Creador de más de 90 personajes y más de 10 mil historias, Robin Wood es un referente para todos los amantes de la historieta. Las vivencias de Nippur de Lagash, Gilgamesh, Dago, Savarese o Pepe Sánchez han acompañado la infancia de muchos desde que la editorial Columba - a partir de 1967 y hasta su cierre en 1990 - comenzó a incluirlas en sus revistas. Sin embargo, estos personajes no solo permanecen en la memoria de quienes buscaban las publicaciones cada semana en los kioscos, sino que han atravesado generaciones y las aventuras reviven en la imaginación de jóvenes y adolescentes. Actualmente publica en editoriales europeas, y desea que pronto esas historias lleguen a Latinoamérica.
Nacido en una colonia paraguaya socialista de australianos inserta en la selva paraguaya, Wood ha hecho del mundo su lugar. Viajero incansable y ávido lector, en su mente guarda recuerdos y anécdotas de toda su vida. Después de una infancia difícil, llegó su primera publicación y con ella un nuevo hombre. El sendero que comenzó a recorrer a partir de aquellos años lo trajo a Mar del Plata en el marco de una muestra organizada por la Fundación Osde. Allí fanáticos de todas las edades se reencontraron con las historias de héroes, que son más humanos que poderosos, y con su creador. Además, fue reconocido por el Concejo Deliberante por su contribución al arte.
“Robin Wood es mi nombre verdadero, no es un sobrenombre, y segundo la inspiración no tengo idea de donde viene”, aclara en cada conferencia que brinda.
Su infancia y adolescencia transcurrió entre Argentina y Paraguay, con diversos trabajos. Fue a la escuela hasta quinto grado, pero gracias a su memoria y amor por la lectura, se superaró día a día. Sus personajes viven en Sumeria, en el Lejano Oeste, o en cualquier otro lugar o tiempo que describe con minuciosa delicadeza.
Sin bien siempre le gustó dibujar, poco tiempo después descubrió que era mejor escribiendo. Se inscribió en Bellas Artes donde conoció al dibujante Luis Olivera, que trabajaba en la editorial Columba. Ambos eran amantes de la sumeriología, el estudio de la civilización de Sumer. Olivera le ofreció hacer guiones para una historieta y Wood se acerco al género. Una tarde, Wood llegó tarde a la fábrica donde trabaja y no pudo ingresar. Bajo la lluvia caminó y descubrió sus guiones publicados. Fue hasta Columba y allí comenzó a transitar un nuevo camino. Once meses después empezó a viajar.
Como si el tiempo no hubiera pasado, Wood recuerda detalles de aquellos tiempos y habla de sus personajes como si fueran viejos amigos. Esos que se pueden encontrar en cualquier esquina de algún lugar.
- ¿Quién es Robin Wood?
- Hay miles de ellos. Está el Robin Wood pequeño que va creciendo - no digo mejorando, simplemente creciendo-. Después está el escritor: es un tipo responsable en lo que hace. Está el hombre, que ha dedicado a su vida a viajar, a ver cosas, sin orden ni concierto, sin tener base, país, gente ni nada en las tres cuartas partes de su vida. Y en general es un hombre totalmente feliz. Si me preguntan si hubiera querido cambiar cosas en mi vida, digo que no porque ella me ha hecho ser lo que soy hoy. Me llevo bastante bien conmigo mismo. Estoy satisfecho y feliz. De tanto en tanto uno no lo es, hasta que uno entiende lo qué es la felicidad: ese momento de paz. Siempre estoy pensando en cosas nuevas, por mi trabajo, por crear. Vivo en una especie de volcán de ideas. Siempre hay lugares que quiero ver, libros que quiero leer, música que quiero aprender a bailar, aprender más idiomas. Siempre es tiempo de aprender, nunca se termina.
- ¿Cuál es la historia de su nombre?
- Wood es el apellido de mi madre. Mi bisabuelo era escoses - vengo de ramas escocesas e irlandesas - y dijo que me tenía que llamar Robin, por Robin Burns, un poeta escoses. Entonces, le planteó a mi madre que me tenía que llamar Robin o Angus. Mi madre años después me dijo honestamente con su helada cortesía sajona: “Pensé Robin Angus, y acordé del Aberdeen-AnGus, el toro. Te ví y parecías una rata ahogada”. No muy halagüeño, pero por lo menos muy sincero. Entonces solamente me puso Robin. Así que me llamé Robin, como el poeta, el petirrojo y como Robin Hood, el bandido. Me gustaría ser poeta, pero nunca he podido escribir poesía. Me gustar recitarla, crearla. Cuando era chico y contaba cuentos en la colonia que eran todos celtas y sajones, me llamaban Yanaki, que en gaélico significa “el que relata las historias”. Eso debo ser yo, el que cuenta historias, el que narra simplemente. Pero, me parece que me parezco mucho más a Robin Wood que a Robin Burns, Robin el pájaro, y Robin Hood.
- A lo largo de su trabajo ha creado más de 90 personajes, ¿alguno le dio más trabajo que otro o es su favorito?
- Ninguno me dio trabajo. No sé como escribo, no tengo idea. Nunca pienso lo que voy a escribir. Sé que voy a hacer un capítulo de Amanda, Dago o Nippur - cuando era-, y me siento y escribo la primera línea, pero no sé de qué se va a tratar. El personaje se escribe, no yo. Yo lo sigo a él y de repente está todo hecho. Aprendí a ser modesto cuando hablan de mi creatividad. No sé exactamente que es la creatividad o de dónde viene no sé. Puede ser que la tenga adentro, pero que eso me haga especial, no. Sé hacerlo y no sé cómo funciona, pero me gusta el resultado.
- ¿Cree que los héroes deben ser perfectos?
- No, porque si es así no es humano. ¿Qué es lo que hace que el héroe atraiga? Que se identifiquen con él, pero no en la fuerza física. ¿Por que el Hombre Araña se hizo tan popular en las películas? Porque era una persona común que de repente consigue superpoderes, pero que no sabe que hacer con ellos. Al superhéroe lo reconozco bien, pero nunca pude escribir alguno, porque quiero que mis héroes sean humanos, que vayan al baño, que transpiren, que les gusten las mujeres. Tampoco nunca he razonado cuando escribo un personaje. Pienso que va a tener determinadas características, pero el personaje va cambiando. El Nippur de sus principios y el de ahora son dos hombres diferentes. Uno era un joven, este es un hombre de edad madura, con todos los cambios involucrados. Y lo mismo con personajes como Dago y los demás.
- ¿Tienen algo de Robin Wood sus personajes?
- No, son independientes. Se podrá decir que son errantes, yo soy un vagabundo. Pero eso se puede decir de mucha tanta gente. Hay una suerte común entre ellos y yo en que los veo nacer, crecer, vivir, pero son ellos los que se escriben. Yo no los escribo. Para mi es un misterio. Tengo diez mil historietas, guiones de cine, teatro y demás. ¿De dónde salen? Soy un hombre de una inteligencia media, tengo hasta quinto grado de la primaria. Lo único que puedo decir es que los irlandeses hemos sido siempre los campeones de la poesía y de la capacidad práctica. Siempre para lo práctico he sido terrible, para soñar no.
- Ha dicho que es muy tradicional para escribir: un cuaderno y una lapicera de punta fina. ¿Sigue trabajando igual?
-Intente modernizarme. Probé directamente en máquina de escribir, pero pasábamos un par de horas mirándonos y al final el teclado marcaba afuera. Por alguna razón, no sé la lógica de eso. Intente grabar y advertí que tengo una voz horrible. Así que descubrí que las historietas no las puedo escribir en computadora. Guiones de cine y eso si, pero historietas tengo que escribirlo, voy pensando, dividiendo en cuadros y en mi cabeza estoy viendo los dibujos y las escenas. Luego los paso a la computadora dividido en cuadros, escribo el texto y toda la escena grafica para el dibujante.
- ¿Le gusta el resultado del dibujante? ¿Es como se lo imagino?
- Generalmente si. He trabajado con mis dibujantes durante mucho tiempo y he tenido la suerte de trabajar con muy buenos. También he tenido con la suerte de trabajar con algunos que no lo eran, pero que hicieron el esfuerzo. No me interesa la calidad del dibujante sino su actitud. Y así algunos dibujantes que se consideraban mediocres se han convertido en muy buenos.
- ¿Hay un rutina para escribir?
- Puedo escribir en cualquier momento y lugar. No necesito inspiración. He dicho que me gusta la lluvia y me responden: “Te sentás para que llegue la inspiración”. Pero es sólo la lluvia la que llega. No sé que es la inspiración. En Europa cuando doy conferencias antes de empezar siempre digo: “Voy a contestar las dos primeras preguntas que me van a hacer: Robin Wood es mi nombre verdadero, no es un sobrenombre, y segundo la inspiración no tengo idea de donde viene. Ahora si, pregunten”.
- En relación a su nombre, a lo largo de su carrera ha usado varios seudónimos, incluso hasta uno de una mujer. ¿Por qué los elegía?
- Yo estaba viajando por el mundo y cada un año o dos venía a Buenos Aires y Paraguay, me quedaba un mes y me volvía a ir. Un día me mostraron la revista que decía “guión Robin Wood” varias veces. En la editorial me dijeron que usara seudónimos porque parecía que la revista la escribía una sola persona, cuando en realidad era así. Pero que una empresa tan grande tuviera un solo escritor no quedaba bien, según explicaron. Entonces usé Roberto Monti - un italiano que había vivido con mi mamá y que fue como un padre para mí -, Robert O'Neil, Noel McLeod, Carlos Ruiz, Cristina Ruttegard, o Mateo Fussari, que lo saqué de la página necrológica, entro otros. Después vieron que había una bajada en las ventas. Ahí suprimieron los seudónimos, y volví a completar el índice.
- ¿Cuándo descubrió sus historias publicadas en una revista de la editorial Columba en una tarde de lluvia y con problemas económicos, se imaginó que iba a tener tanta repercusión?
- No me imaginé nada. Hay que ponerse en el tiempo y en la persona. Vi la publicación y dije “ese nombre lo conozco”. Fui a la editorial - tenía un aspecto terrible, pesaba cuarenta y ocho kilos-, porque realmente no tenía un centavo y pensé que iba a poder conseguir algo de dinero. En vez de eso, conseguí una nueva vida. La realidad es siempre superior a la ficción. Es de un guión de historieta: de repente el muchacho de la fábrica se convierte en escritor, el escritor se va a vagar por el mundo, cuando vuelve se encuentra que es - modestamente - famoso, y se vuelve a ir otra vez.
- ¿Y no pensó en escribir su propia historieta?
- Nunca. Soy modesto. Hablo de mi vida con frialdad, no explico nada, no justifico nada, no alabo nada. Ha sido una vida que he vivido y hoy estoy aquí. Agradezco la vida que he tenido, los malos momentos y los buenos momentos.
- ¿Cómo se relaciona con sus lectores? Ha dicho que “es la persona que menos conoce de Robin Wood”…
- Si, porque yo escribo pero me meto en la piel del personaje como tal. Para millones de personas - y a veces me asusta las cifras que me dan - es parte de su vida. Para mi también, porque los cree, es mi trabajo. Pero para esta gente significa tanto, que algunos ponen nombres de mis personajes a sus hijos; hay muchachos que se llamaban Nippur, Dago, Hiras. Eso es me impresiona porque cuando empecé a escribir todo lo que pensé fue en ganar dinero y lo hice; en viajar y viajé. Volví cinco años después sin haber visto una historieta mía publicada porque mandaba todo por correo, y me encontré con el boom. Hasta hoy en día me hacer ser agradecido y me impresiona la fidelidad de los lectores, porque hay gente mayor que le han dado las historias a sus hijos y a sus nietos. Me he encontrado con abuelo, padre e hijo, todos lectores. Eso asusta un poco, pero agrada y te hace sentir responsable. Por eso nunca voy a hacer un guión de apuro. Siempre tienen que ser bueno porque tengo toda esa gente que me lee. Es el personaje lo que me dice que va a hacer.
- ¿Qué género prefiere escribir?
- Todos, ningún género en especial. Es una cosa que honestamente no sé como funciona. Puedo ser dramático, cómico, escribir cosas cotidianas. He hecho historietas de suma avanzada con dibujos extrañísimos y lo he disfrutado mucho. He hecho historietas pornográficas, históricas y con todas me pasa igual. Ahora estoy haciendo una saga de Dago de Verdi por el centenario de la muerte del músico. Se me ocurrió la idea y ya estamos en la parte de Rigoletto.
- ¿Cómo se imagina a sus personajes más conocidos como Nippur o Gilgamesh en estos tiempos?
- Gilgmesh es fácil, es inmortal. Probamente sería un hombre con un impermeable, encorvado caminando con rostro de 30 años, preguntando “¿alguien vio la muerte?”. La está buscando, porque a esta altura está agotado, filtrado y no tiene nada. De repente descubre que lo único que quiere es la muerte porque es el descanso que puede encontrar. En cambio, Nippur no puede estar aquí, porque no conoce de leyes, de ataduras, no solamente la vida moderna. Es un hombre del camino, por ahí tiene que andar.
- ¿Son felices los dos?
- Creo que si. Nippur es el hombre que se encoje de hombros: “¿Hoy comemos? ¿No hay comida? Robemos una gallina. Hoy me ofrecen ser rey de este país, muy complicado. Agarremos un poco de oro, un caballo y nos vamos”. Está más tranquilo. En cambio Gilgamesh es dramático, porque tenía un sueño, pero no una meta.
DE LA COLONIA AL MUNDO
Wood nació en Colonia Cosme, Caazapá, en el centro de la selva paraguya, formada por australianos socialistas. Criado por sus bisabuelos irlandeses y escoses, llegó a la ciudad de Buenos Aires antes de cumplir 10 años donde vivió en un orfanato porque su madre no lo podía cuidar. De regreso a Paraguay trabajo en la ruta Transchaco. Su adolescencia continúo alternándose entre los dos país cambiando de trabajos, viviendo en pensiones, hasta que comenzó sus estudios en la Escuela de Bellas Artes y al poco tiempo sus guiones se publicaron. Comenzó una nueva vida que lo llevó a recorrer el mundo. Todo se inició con un viaje a Europa en un barco de carga y todavía continúa.
- Después de haber estado en tantos países ¿siente que alguno es el lugar en el mundo de Robin Wood?
- No pertenezco a ningún lugar. Nací en medio de una colonia de extranjeros en un país, que nunca sentí mió. Viví aquí, pero tampoco pertenezco. No por nada, simplemente porque no está en mi. He vivido en muchísimos lugares: en Australia, en China, en toda Europa, Estados Unidos. Extraño cosas de cada lugar, pero no puede decir el mundo es mi país. Tengo países favoritos, pero todos tienen algo diferente y me gusta su variedad.
- ¿Y su casa donde está?
- ¿Mi casa? En este momento está en Asunción, y veremos…mañana está a un siglo de tiempo. Hoy está aquí…Soy como la tortuga, la casa la llevo a espaldas y por suerte no es pesada…
Inicio | Canales RSS | Depto. Comercial| Contáctenos | Quiénes Somos | Condiciones de Uso