
Cristina Fernández tuvo días de intensa agenda exterior. Primero pasó por Nueva York y luego por México, en dónde habló ante el G-20 y mostró su receta para enfrentar la crisis mundial. Democracia te acerca cada detalle
Recuperada del susto que pasó por la inesperada intervención a su hijo Máximo, Cristina Fernández encaró una agenda internacional de alto nivel. En Estados Unidos protagonizó un hecho histórico. Fue la primera vez que un presidente argentino asistió a una reunión del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas.
También en Nueva York se reunió con empresarios de las 40 empresas más importantes de Estados Unidos, quienes se comprometieron a reforzar sus inversiones en nuestro país.
El Ejecutivo Nacional siguió rumbo a México, hacia la localidad de Los Cabos, en Baja California, donde se reunió el grupo de países del G-20. A diferencia del G-7, que nuclea a los países más poderosos del mundo desde lo económico y lo político, el G-20 incluye a este primer grupo pero engloba también a los países que están en vías de desarrollo, cuyas economías fueron las que más crecieron en los últimos años.
Allí, en el G-20, dos recetas para combatir la crisis económica global se enfrentan: una propone el método “tradicional”, que consiste en salvataje de bancos y rescate del sistema financiero, monitoreos de los organismos de crédito como el FMI, y una discusión centrada en medidas de ajuste que impactan sobre los países en crisis, que se ven obligados a ajustarse el cinturón más de lo que pueden. Argentina, junto con Francia, Brasil y otros países, tienen otra mirada.
Sostienen que de la crisis que padece Europa no se sale con ajuste, sino con medidas destinadas a reactivar la producción, el trabajo y el consumo en cada una de las economías. Destinando el capital disponible a la creación de condiciones para fomentar nuevas industrias, sin poner tanto la mirada sobre el salvataje a bancos. Pensar más en la economía “real” antes que en la economía “de los números”. De estos y otros temas habló este lunes 18 de junio Cristina Fernández con su par Dilma Rousseff.
Argentina también cuenta en el francés François Hollande con un nuevo aliado. Su triunfo electoral significa un soplo de aire fresco para el gobierno K. Implica tener a alguien que postula similares ideas en Europa, frente al método duro de ajuste que propone la Alemania de Merkel y que acepta Rajoy en España, donde el desempleo es récord y la ayuda recibida parece no servir para paliar la crisis.
En la previa de la reunión del G-20, Argentina y Francia tuvieron que hacer fuerza para que la cuestión del trabajo formase parte de la agenda de discusión de los presidentes, ya que algunos países solamente querían hacer girar el debate en torno a más medidas de ajuste y recortes.
En Nueva York: Malvinas e inversiones
Cristina Fernández llegó a Nueva York el 14 de junio a la mañana. No era una fecha más. Se cumplían 30 años del fin de la guerra en Malvinas. Y era la primera vez que un presidente argentino hablaba ante el Comité de Descolonización.
La acompañaban legisladores de todos los partidos políticos, menos el PRO. Ausente con aviso, el partido de Macri prefirió hacer valer las internas argentinas antes de expresar una política de Estado frente al resto del mundo.
La mandataria también estaba rodeada de familiares de Malvinas y ex combatientes. Su discurso no defraudó. Dijo que la solución al conflicto de Malvinas era “un desafío” a “todos los países” y llamó a “dejar atrás esta historia de colonialismo anacrónico y construir una nueva historia en base al diálogo”.
Asimismo, se preguntó “si alguien puede, en el mundo contemporáneo, negarse a dialogar y luego querer convertirse en adalid de los derechos humanos, de las libertades del mundo civilizado, occidental y cristiano”.
Fernández estuvo acompañada por una amplia delegación, que integraron los gobernadores de Entre Ríos, Sergio Urribarri; de Tierra del Fuego, Fabiana Ríos, y de Santiago del Estero, Gerardo Zamora. También estuvieron presentes en el Comité acompañando a la jefa del Estado los ministros de Planificación Federal, Julio de Vido; de Economía, Hernán Lorenzino, y de Industria, Débora Giorgi.
Entre los legisladores que integraron la comitiva se contaban, entre otros, el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, y los titulares de las bancadas oficialistas del Senado y la Cámara baja, Miguel Pichetto y Agustín Rossi respectivamente. También lo hicieron el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, Daniel Filmus, y los diputados Martín Sabbatella (Nuevo Encuentro), Claudio Lozano (FAP), Felipe Solá (Unión Peronista) y Alfredo Atanasof (Frente Peronista), y el senador nacional Samuel Cabanchik (Proyecto Buenos Aires Federal).
La Presidenta, durante su discurso, develó el contenido de documentos secretos de Cancillería donde se da cuenta que el Reino Unido reconoce un litigio por la soberanía de Malvinas. Se trata de documentos del año 1974 -durante la tercera presidencia de Juan Domingo Perón-, en los cuales el Reino Unido propuso la creación de un condominio en Malvinas. Durante ese año, según reveló la Presidenta, nuestro país e Inglaterra intercambiaron propuestas para un acuerdo, que incluían banderas, moneda y documentación conjunta para una administración compartida de las islas, lo que implica el reconocimiento de “que hay una cuestión litigiosa en materia de soberanía”.
Según pudo saber “DEMOCRACIA”, el acuerdo avanzó incluso una vez que se produjo la muerte de Perón. Sin embargo, habría fracasado porque un ministro de Isabel le habría sugerido que los “trabajadores” no iban a aceptar un arreglo que implicara “compartir” las Malvinas con los ingleses.
Ante la ONU, Cristina Fernandez reiteró que la Argentina “está abierta a la negociación”, que posibilitaría “que ambos países destraben muchas cosas, y permitirá asociaciones beneficiosas para el conjunto de América del Sur y para el mundo”. “Detenernos en las Malvinas solo como cuestión bilateral territorial de soberanía es achicar el caso, que es un desafío a nosotros mismos, a los organismos multilaterales, a los gobiernos, para que sean capaces de superar los prejuicios, los clichés de lo que ya no es, que ya no volverá a ser, porque el mundo ha cambiado y hay nuevos protagonistas”, resumió.
También indicó que las Naciones Unidas tienen distintos “estándares” para analizar las cuestiones, dependiendo de si “uno es miembro permanente del Consejo de Seguridad”.
“Si uno es miembro permanente del Consejo de Seguridad, puede respetar o no respetar una resolución de la ONU, y si uno no es miembro de ese Consejo y no respeta alguna resolución o viola los derechos humanos en países sin petróleo, no pasa nada”, sintetizó.
Cristina Fernández también hizo alusión a las 39 resoluciones favorables que obtuvo nuestro país para que se inicie el diálogo por Malvinas con Inglaterra, y rescató el hecho de que la primera de estas resoluciones se dio bajo el gobierno del radical Arturo Illia.
La jefa de Estado indicó más adelante que “no tuvimos nada que ver con esa dictadura” que generó la guerra de 1982 por las Malvinas, y destacó que por el contrario “fuimos férreos opositores y víctimas” de ese régimen. “Solo integramos misiones militares de paz en todo el mundo: no nos van a encontrar en Irak ni en Afganistán, y si de referéndum se trata, ¿por qué no van también a esos dos países a ver qué piensan de lo que están haciendo?”, preguntó la Presidenta.
La resolución final aprobada por el Comité reitera que la manera de poner fin a la cuestión Malvinas es “la solución pacífica y negociada de la controversia sobre soberanía”. También lamenta que todavía no hayan comenzado a aplicarse las resoluciones de la ONU sobre la cuestión y pide a las partes que afiancen el proceso de diálogo y cooperación mediante la reanudación de las negociaciones.
La resolución fue adoptada por consenso por Chile y los países que copatrocinaron la moción del Comité, y se dejó en claro que el “único camino” para solucionar las cuestión son las “negociaciones bilaterales para que se reanuden las negociaciones efectivas”.
Antes del discurso de Cristina Fernández, tanto la Argentina como el Reino Unido fijaron sus posturas a través de la figura del peticionante, dos por cada país. Por el Reino Unido hablaron los legisladores isleños Roger Edwards y Mike Summers. Edwards calificó de “invasión ilegal” la guerra de las Malvinas de 1982, y reconoció que “luego de esa derrota, Argentina perdió su brutal dictadura militar y ha experimentado el más largo período de democracia en su historia”.
Sin embargo, aseguró que “desafortunadamente, esto no evitó que Argentina persistiera con sus intentos de negar a la gente de las islas sus derechos democráticos”. “Acepto que Argentina ha cambiado y me agrada que haya sido así”, dijo, aunque señaló que sus políticas intentan “castigar y herir a una población pequeña y pacífica de las Malvinas”, indicó. Agregó que “el gobierno argentino dice combatir el colonialismo pero quiere quitarle a nuestra gente sus derechos, anexar nuestras islas y subyugarnos y dominarnos”. “No hay alternativa al principio de autodeterminación”, finalizó, y se mostró confiado en que el resultado de un próximo referéndum, que se haría en las islas en 2013, expresará “los deseos de los habitantes” y que los isleños “saben lo que quieren para su futuro”.
Luego del testimonio de Edwards, tomó la palabra el legislador de las islas Mike Summers, quien expresó conceptos similares. La postura argentina fue expresada por los peticionantes Alejandro Betts, nacido en Malvinas y hoy residente en el territorio continental, y Marcelo Vernet, descendiente de quien fuera el primer gobernador argentino en el siglo XIX.
Betts manifestó que “Reino Unido utiliza la infundada excusa de la autodeterminación” de los isleños para establecer “una poderosa base militar que sirve exclusivamente a sus intereses estratégicos de control absoluto del Atlántico Sur”. El nacido y residente permanente de las islas durante sus 34 primeros años de vida, comentó que allí “cualquiera que se exprese en desacuerdo con el sistema verticalista probritánico es considerado punible de intimidación constante, discriminación y una persecución psicológica e ideológica implacable y despiadada”.
Por su parte, Marcelo Vernet pidió que se promueva “la concreción de un diálogo constructivo entre el Reino Unido y la República Argentina de conformidad con las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas”. Marcelo Vernet es descendiente de Luis Vernet, el primer comandante político y militar de las Islas Malvinas, cuando dicha comandancia fue creada por decreto del gobierno de Buenos Aires del 10 de junio de 1829. Vernet indicó que el objetivo de este diálogo debe ser “encontrar una solución pacífica, justa y duradera de la controversia de soberanía”.
Tras recordar cómo eran las costumbres y la vida cotidiana en Malvinas antes de 1833, condenó la usurpación cometida por Inglaterra ese año. “Imaginemos cómo hubiera continuado esta historia sin la violenta intromisión imperialista del Reino Unido, que en 1833 usurpó nuestra tierra”, subrayó. “Señor presidente, vengo a dar testimonio de esta historia de paz, negada por el usurpador, para contrastarla con el presente: una base militar británica en el Atlántico Sur, un enclave colonial desgajado de su natural presencia americana, una factoría con población trasplantada”, finalizó.
Argentina se anotó una victoria en el Comité de Descolonización, aunque Inglaterra siga mirando para otro lado y reiterando gestos de provocación, como el izamiento de la bandera kelper que hizo días pasados el primer ministro inglés Cameron.
Por otro lado, Cristina Fernández también se llevó de Nueva York una renovada promesa de las 40 principales empresas de Estados Unidos de mantener e incrementar sus inversiones en Argentina. La presidenta almorzó durante dos horas, en la coqueta sede del Consejo de las Américas, en el Upper East Side de Manhattan, con ejecutivos de empresas de la talla de General Motors, J.P. Morgan, HSBC, IBM, Johnson & Johnson, Procter & Gamble, Ford y WalMart. Monsanto, uno de los líderes mundiales en producción de semillas, anunció una inversión millonaria en el país: 1.800 millones de pesos.
Europa: ¿ajuste o crecimiento?
Tras su paso por EE.UU. CFK llegó a México el domingo 17 de junio a la tarde. Participó ese mismo día en una cena brindada por Felipe Calderón para los presidentes y el lunes incluyó una reunión bilateral con la brasileña Dilma Rousseff.
Allí, la mandataria argentina acordó con su par brasileña llevar una “posición común” que promoverá el crecimiento y el desarrollo como políticas para superar la crisis económica mundial, en contra de las recetas de ajuste.
La posición conjunta de Argentina y Brasil incluye también la decisión de escuchar lo que señalen en esta cumbre los países de Europa y en especial la postura que planteará Alemania. “Los países emergentes han venido desarrollando una posición cada vez más sólida en las cumbres del G-20. No vamos a ser nosotros quienes paguemos las crisis de los países desarrollados. Los países en desarrollo hemos venido sustentando la crisis a partir de medidas proactivas”, resumió Timerman el espíritu del encuentro entre Rousseff y Fernández.
El Ejecutivo Nacional también se reunió con empresarios argentinos que participan del encuentro de empresarios en el marco del G-20 y con representantes de la Confederación Sindical Internacional. Timerman afirmó que durante el encuentro con Dilma “hubo una coincidencia total en oponerse a planes de ajuste” y al mismo tiempo en “escuchar a Europa, y especialmente a Alemania, a ver qué medidas proponen para salir de la crisis del euro”.
Añadió en este sentido que las políticas que siguen implementando en Europa “repercuten en la desaceleración de las economías emergentes, que son las que han mantenido el crecimiento económico del mundo en los últimos años”. En referencia a la audiencia que mantuvo con los sindicalistas, de la que también participó el titular de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (Uocra), Gerardo Martínez, Timerman precisó que Cristina Fernández “se comprometió a apoyar el objetivo de que se siga manteniendo el tema del trabajo de calidad decente en las cumbres del G-20”.
Al respecto, el canciller indicó que “hay intentos de dejar de lado el tema laboral de las cumbres, pero la Argentina ha hecho una causa de mantener a la OIT dentro del G-20 y el tema laboral dentro de las conclusiones”. El titular de la UIA, José Ignacio de Mendiguren, manifestó que “todos coinciden en que las 2/3 partes del crecimiento del mundo viene de Africa, América Latina y parte del sudoeste asiático, y los países desarrollados apelan al libre comercio porque necesitan de estos mercados para salir de la crisis”.
“Ningún país desarrollado del mundo está dejando de administrar su comercio, sino que apelan a distintas herramientas como la guerra de moneda o a los subsidios al agro”, expresó De Mendiguren, y añadió: “Hay que entender que aquí no hay ideologías, hay intereses concretos; en este momento ningún país va a entregar o regalar su mercado”.
La nueva cumbre del G-20 dejó en claro que en el mundo hay dos recetas para hacer frente a la crisis económica. O se sale con políticas proactivas, fomentando la creación de empresas y la generación de empleos, o se vuelve a apelar a “viejas recetas” de ajuste que tantos estragos provocaron en el mundo y que en Argentina finalizaron trágica y drásticamente en el año 2001.
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