
Fernando Ruiz Díaz y los suyos pasaron una vez más por Mar del Plata días atrás para presentar su último cd, “El mezcal y la cobra”, tercero editado desde el accidente de su hermano y guitarrista. El presente de la banda y el estado de Cerati, en diálogo con El Atlántico
Luego de una exitosa gira por Latinoamérica, Catupecu Machu retornó a los escenarios argentinos para seguir presentando “El Mezcal y la Cobra”, su último y nuevo disco de estudio, del cual ya se han desprendido con gran éxito “Metrópolis nueva”, “Aparecen cuando bailamos” y “Musas”. Los escenarios de Mar del Plata siempre son “obligación” en la agenda del grupo encabezado por Fernando Ruiz Díaz. Por eso, la semana pasada, tras varias presentaciones en la playa o espacios vip de Alem, retornaron al boliche de Constitución 5780.
La banda no sólo trajo nuevas canciones sino también integrantes. A Macabre (coros, teclado, samplers y sintetizadores) y Sebastián Cáceres (guitarras y bajos -ingresó tiempo después del accidente de Gabriel Ruiz Díaz), ahora se sumó Agustín Rocino (batería), en el lugar que dejó al partir Javier Herrlein.
“Estamos muy contentos porque el disco arrancó con todo y sigue con todo. Fuimos de gira a Perú, que no habíamos ido nunca. Volvimos a México, seguimos presentándolo, haciendo muchas cosas”, contó a El Atlántico Fernando en la previa de su arribo a Mar del Plata.
- Al comparar, este disco es más enérgico que el anterior. ¿Era el objetivo o se dio por la renovación en el grupo?
- Siempre sentimos que hacemos obras de arte con cada canción. Quizás tiene que ver con lo que estamos viviendo, no sé. Es el tercer disco posterior al accidente de Gabi, cambiamos de manager, de baterista. Obviamente cuando te separás con alguien es por un conflicto, sino no se entiende (en referencia a Herrlein). Más allá de que nos queremos, ésto es como una renovación. Es un disco que veo a la distancia y lo noto mucho más abierto que “Laberintos…” y “Simetría…”.
- Hablabas de pieza de arte y muchas veces sus canciones son complejas en su métrica. ¿En este disco volvieron a letras más directas y sencillas por algún motivo?
- (Piensa) Nosotros somos un grupo popular, masivo, pero nunca entiendo bien por qué. No hacemos canciones pensando en serlo. Quizás sueno demagógico pero siempre digo que jamás pensé que Catupecu llegaría a lo que llegó y que el tema “Dale” se convertiría en el himno del grupo. Fue algo que escribí para mí en su momento y ahora hay que tocarlo en todos los shows, y pasa algo increíble. Es ahí cuando pienso que me hubiera dado mucha envidia no componer ese tema (risas). Genera sensaciones precisas, fuertes, y en su momento salió sin pensarlo. “Magia veneno” es -aunque no me guste decir esa palabra- un “hit” y fue una letra que compuse después de una resaca terrible, soñándolo desde la letra al riff. Evidentemente, más allá de que somos muy técnicos y detallistas en el estudio, vivimos el proceso de una forma muy inconsciente en algún punto, vinculada con los sentimientos, el estado anímico. La única dinámica nuestra es el constante movimiento, como al vida misma, que nos lleva a nuevos y diferentes puertos.
- Hoy más que nunca sos la raíz del grupo. ¿Te pesa un poco?
- Hay un peso que lo siento pero en el fondo me gusta sentirlo, es una linda presión. En un principio estábamos los dos muy metidos con la música y el canto con Gabi, pero no le dábamos forma. Un día me dijo que él estaba para armar un grupo, si yo quería y después vino todo esto. Y pese a que algunos músicos han cambiado, siempre en realidad hemos estado todos juntos: Agustín está acompañándonos desde que empezamos, era un poco el protegido de Gabi. Macabre era amigo desde hacía muchísimo. Abril era un amiguito que venía a los ensayos y terminó siendo el batero. Siempre estamos rodeados de Catupecu, por decirlo de algún modo.
- Ya pasaron seis años del accidente de tu hermano Gabriel, que lo dejó fuera del escenario. ¿Cómo sigue su evolución?
- Va teniendo pequeñas evoluciones. Es muy heavy lo que pasó. Va todos los días a un centro de rehabilitación, trabaja con cubanos, ahora empezó músicoterapia. Siempre responde con una risa, un abrazo, un beso. A veces agarra el bajo y lo empieza a tocar, quizás no con precisión. Sorprendentemente para todos, siempre está activo.
- Aunque los casos no sean exactamente iguales, cuando lo vez avanzando a Gabi, ¿se te prende una luz de esperanza al pensar en Gustavo Cerati o no los comparás?
- Estuve mucho pensando en eso…Tienen un estado bastante similar en el sentido de que ambos están en un viaje que no es el mismo que tenían antes, acostumbrándose a eso y tratando de salir adelante. Es muy analógico lo que pasa con las familias también. En ambos tengo puestas muchas esperanzas, mucha energía, pero sin expectativas personales. La intención es que ambos salgan adelante y, en nuestro caso, sigo pensando que ojalá Gabi vuelva a tocar con nosotros en un escenario. Pese a todo y sobre todo, siempre seguimos disfrutando este camino porque la música es nuestra vida.
“Disfruten”
Ese es el llamado que hace Catupecu en cada uno de sus shows. Por eso, no es raro ver a Fernando molesto cuando en escenarios vip -especialmente- algún fanático saca su camarita para filmar a mano alzada el show. “Si estamos en lugares chiquitos o íntimos como el bar de Alem en que hemos sabido tocar, no entiendo que la gente esté usando una cámara para filmar. No da”, afirmó.
“Me gustaría que disfruten el show, no que miren una pantallita. Aparte es una cuestión de respeto. No vamos a tocar en espacios pequeños por necesidad sino por gusto y si sos uno de los pocos que lo pueden disfrutar, hacelo man. Me pongo un poco loco por eso, me sacan de onda”, confió entre risas y fastidio.
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