Bruno Rodríguez fue asesinado de tres puñaladas el pasado lunes. Había ido hasta su casa en busca de unos papeles. Él estaba dentro del programa de protección de testigos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. “Algo falló”, expresa la joven. Ella también está dentro del programa porque fue víctima de trata de personas y explotación sexual. Y tiene miedo.
La “falla” -según la Real Academia Española- puede ser “defecto” o “incumplimiento de una obligación”.
Las víctimas son el elemento fundamental de la lucha contra el delito de esclavitud sexual. Preservarlas debe ser tarea primordial. Pero hoy -a la inmensa mayoría, si no la totalidad- sólo se las cuenta para las estadísticas. Afirman que son casi tres mil las personas rescatadas en los últimos cuatro años, la mitad eran explotadas en prostíbulos. Pero qué pasó con ellas. Dónde fueron, quién las asistió, quién se ocupó de que no vuelvan a caer en las redes mafiosas. Ni siquiera existen hogares de refugio.
Con miedo, con amenazas, con la desesperación de no saber que sucederá con sus vidas, las de sus familias lejanas, las de sus hijos pequeños que las aguardan en Paraguay, será difícil lograr su testimonio que ayude a develar como actúan las redes de trata que engañan, captan, trasladan, mienten, dan alojamiento, una supuesta mejor “calidad de vida”, obligan a acostarse con el hombre que entre a su negocio, y se enriquecen con cuerpos ajenos.
Pero existen valientes mujeres que desde su propio sufrimiento buscan la Justicia que termine con los sufrimientos de otras mujeres aun cautivas. A ellas es indispensable darles protección, garantizarles asistencia, un lugar donde vivir, una posibilidad de trabajo, alejado de los prostíbulos donde las caricias dan asco.
La trata de personas es un delito macabro. Días atrás el psicoanalista Alfredo Grande diferenciaba aquellas industrias enemigas de la vida, como la de las drogas, fumigaciones, pasteras, mega minería. La industria de la prostitución y la explotación sexual de mujeres, niñas y niños comercializa un producto, que es la vida misma.
El testimonio de las víctimas de este sistema que compra, vende y alquila cuerpos de mujer es fundamental para las causas, para desmantelar las redes, pero también para que la sociedad entienda de una vez que la prostitución no puede ser feliz.
la prostitucion no puede ser feliz es una afirmacion de la peridista en cuestion y noes representativa trata no es prostitucion
La responsaboilidad es politica y principalmente policial, o me diran que todos desconocen dicha situac ion?
Así que hay que darles protección...,garantizarles asistencia...,un lugar para vivir...una posibilidad de trabajo...? Tiene idea usted señorita Belén de cómo poner en práctica esta brillante idea? Deberíamos disponer en principio de un custodio para cada una de las tres mil rescatadas? Si conoce la manera de hacer realidad ese sueño suyo,, por favor, hágalo llegar a las autoridades. Pero -nobleza obliga- no desestimo la realidad que usted plantea desde la óptica de su juventud e inexperiencia, y hago votos para que algún día,a través del armado de una red administrativa y jurídica su sueño pueda hacerse realidad. Y que de una vez se termine en Argentina el ejercicio de \la profesión más antigua del mundo\.
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