
Después de haber tocado fondo, para River todo suma en su objetivo final, que es regresar a Primera. Incluso un Triangular de Verano. Cada alegría aporta un granito de arena para el alma, tan golpeada en los últimos años. El choque ante Racing en el Minella fue una muestra. Su gente copó las tribunas, sus jugadores se tomaron el partido muy en serio y se notó que todos tenían ganas de celebrar algo. Todos juntos, cortaron una serie de aburridos empates en el Minella y fueron el primer equipo ganador de 2012.
Y aunque se diga que los partidos de enero son preparatorios, amistosos y que no hay que darles tanta importancia, para River sí la tuvo. Al menos para Cavenaghi, el capitán, que contagió a todos con aliento, órdenes y despliegue. Para el “Chori” Domínguez, que la rompió, gambeteó a todos, se bancó los golpes y fue el artífice de un primer tiempo de alto vuelo futbolístico del conjunto de Almeyda, que borró de la cancha al del “Coco”; y para David Trezeguet, que debutó, entró, metió un lindo gol y lo gritó con muchísima pasión, no al punto de aquel para Francia en la final de la Euro 2000, pero…
También para Gabriel Funes Mori, delantero un poco resistido, que abrió el marcador con una gran definición y lo festejó con alma y vida, con sus compañeros y con su hermano Ramiro, sólido en la defensa junto a Maidana, Vella y Arano. Para Ponzio, que volvió a ponerse la casaca “Millonaria” y jugó bien, en un mediocampo que le ganó la batalla al de Basile, junto con Cirigliano y Ocampos. Y para Vega, que quiere sacarle el puesto de arquero titular a Chichizola y salvo el penal, tuvo una correcta actuación. Cada uno, incluso del cuerpo técnico, dejó en claro y exteriorizó que estaba en juego algo más que un partido amistoso de pretemporada.
Obviamente, fue un desahogo para los hinchas, que se “bancaron” las cargadas por el descenso a la B Nacional del sector celeste y blanco y se dieron el gusto de celebrar un triunfo contra un equipo de Primera. Además, de ganarle el duelo de tribunas y gozar por un par de goles anulados que del otro lado se gritaron con todo.
Fue una noche de verano redonda para un River que en los últimos tiempos tuvo poco para sonreír. Y se vio que había felicidad en el festejo final de los jugadores. Abrazos, sonrisas, choque de palmas.
Fue un partido con un nivel de juego como para empezar a creer que el ansiado regreso no está tan lejos y que solamente habrá que esperar que pase el tiempo. Si no ocurre nada raro, el “Millonario” subirá en junio. Como lo hizo ayer para alzar una copa de verano que vale mucho, que suma un montón en lo anímico y en lo futbolístico por lo mostrado. Copa que levantaron juntos, porque el capitán Cavenaghi se olvidó del protocolo y aunque lo anunciaron en la voz del estadio y lo apuraron, esperó que Trezeguet terminara de hablar para la transmisión de la televisión y se sumara al grupo. Todos juntos, es más fácil. Y con triunfos ante un equipo como Racing, también. ¿Podrán lograr el último empujón en los clásicos ante Boca?.
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