
El volante central marplatense estuvo en Cerrito de Uruguay y se dio el gusto de enfrentarse ante Peñarol en el estadio Centenario. El ex Cadetes repasó esa experiencia inolvidable
En Mar del Plata no se lo vio mucho a Gastón Minutillo en las canchas. Desde chico se fue a probar suerte, a intentar llegar al fútbol grande y si bien se quedó en la puerta, no aflojó. Pasó por Cadetes en el Argentino B y después viajó a España, donde permaneció hasta junio del año que se está por ir. Para la segunda mitad, buscó un destino más cercano porque “estaba cansado de estar tan lejos de la familia y pasar las Fiestas o los cumpleaños de los últimos cinco años sin nadie; y extrañando mucho a mi hermanita, a mis viejos y a mi novia, por ejemplo”.
Entonces, el marplatense de 24 años recién cumplidos, en charla con El Atlántico, comentó que además hizo esa apuesta ya que quería “revalorizar mi currículum, con un paso por la Primera División, intentarlo en donde sea a pesar de resignar dinero”.
Donde el volante central se desempeñó, es en el club Cerrito de Uruguay. “Es humilde, pero de Primera. Me interesó y le dí para adelante. Me evaluaron, le gusté al entrenador y me tuvo en cuenta todos los partidos. Terminé jugando”. Allí, el marplatense tiene contrato hasta mediados de 2012.
Al equipo no le fue muy bien. “Estamos complicados. Necesitamos quedar entre los cinco de arriba en el torneo que arranca primero para salvarnos. Allá no es como acá el tema de los promedios”, contó el ex Cadetes de nuestra ciudad.
El club queda en el barrio Cerrito de Montevideo, alterna en Primera y Segunda, “sube y baja porque lo banca una sola persona, es todo muy a pulmón. Por eso nunca se mantiene. No puede pagar sueldos altos y traer jugadores de jerarquía. Igual, yo estoy contento”, como contó Minutillo, quien vive con un mendocino y un miramarense, en una casa que les dio el club. “Es antigua pero grande”, dice. Y Montevideo, no le gusta. Al compararlo, comenta que es “igual de grande pero más antiguo que Buenos Aires” y remata que “elegiría siempre a Mar del Plata para vivir”.
En el plano futbolístico, contra Nacional, uno de los dos más grandes de Uruguay y último campeón, no pudo jugar debido a una lesión en uno de los aductores; pero el choque con Peñarol lo vivió desde adentro y es un recuerdo que quedará en la memoria para siempre. “Fue lo más lindo, y encima el último partido. Lo perdimos 5 a 0, pero es el más importante que jugué desde que estoy en el fútbol. Nunca jugué contra un equipo tan grande y en un estadio tan importante. Y mi viejo me dijo lo mismo. Ojalá me toque jugar más partidos como ese”.
Minutillo, volante central que pasó por las Inferiores de Argentinos Juniors donde jugó con Caruzzo, Bogado, Núñez y Ortigoza, pisó el césped y la pelota en el histórico estadio Centenario. “Es imponente. Impresionante. Salís a la cancha y te chocás con la hinchada de Peñarol. Es un grande de Uruguay, que ganó muchas cosas. Me encantó”, relató. Y sobre el resultado, agregó: “aunque son normales con la pelota en los pies, hay mucha diferencia de preparación física. En el primer tiempo, cometimos un error a los 30´ y nos hicieron el gol. Después el técnico puso tres delanteros porque necesitábamos los puntos, y nos liquidaron de contra. Dejamos muchos espacios en una cancha grande, donde nosotros no estamos acostumbrados a jugar; y ellos encontraron mucho más fácil los huecos”.
Luego del balance y el recuerdo, Minutillo cerró comentando que cuando levante la copa para brindar en las Fiestas, “me voy a acordar del partido con Peñarol, que fue una experiencia muy linda; de todo el esfuerzo que hice para jugar en Primera, sea donde sea. Y voy a pedir mantenerme y pegar el salto para Argentina o algún otro país de América”.
Sin lugar y sin celular
En medio de la charla, surgieron anécdotas sobre el paso por Argentinos Juniors, donde el uruguayo Gregorio Pérez decidió prescindir de Minutillo. Y si bien no quiso mencionar el nombre, el volante central contó que un compañero de esa época, que llegó a Primera y hoy triunfa, le robó un celular. “Nos dividieron en dos grupos, yo entrené primero, él después y cuando me fui a bañar, no tenía el teléfono en el botinero”, comentó. “Entonces le dije al de seguridad, y cuando terminó el otro grupo, nos metimos todos en el vestuario y revisé todos los bolsos con Carrario y Pontiroli, entre otros”, agregó.
Minutos después, ayudado por algunos compañeros más, se dio cuenta que debía ir a chequear en los autos, debido a que iba a ser muy obvio que tuvieran el “botín” en un bolso. Y vaya sorpresa, al salir con el ladrón, éste mandó a Minutillo por la puerta del acompañante y él, que tenía “un Gol azul, tres puertas, con vidrios polarizados”, se metió por la otra. Gastón, en ese entonces, alcanzó a ver que su compañero sacaba el celular que estaba debajo del asiento del conductor y se lo metía en el bolsillo. “Disculpame, pero no tengo un mango y necesito que pagar unas cuentas”, dijo el hoy consagrado. Y Minutillo confesó que lo vio “que se puso todo blanco, tartamudeaba y transpiraba”.
La novela terminó con el ladrón despedido, ya que aunque decidieron “protegerlo” un poco entre los compañeros, el técnico y la dirigencia se dieron cuenta. De todas maneras, tiempo después volvió, jugó y despegó. “El fútbol es para vivos. Y muy injusto”, cerró la anécdota Minutillo.
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