Peñarol y Martín Leiva no se querían, pero desde 2009 hasta la actualidad han celebrado juntos muchos títulos que ayudaron para que su relación pegara un giro. A días de la última consagración, el pívot titular recibió a El Atlántico en su casa y habló de todo. Imperdible
Mientras posaba para las fotos, Martín Leiva estiró las piernas, puso los pies en la mesa ratona y se “tiró” en un sillón. Mostró una imagen de calma, de descanso, que disparó la primera inquietud. Porque su relación de amor y odio con Peñarol, debe haberle brindado pocos momentos de relax desde que llegó en 2009. El “Milrayitas” y el pívot no se querían. Por eso, su arribo a la institución estuvo lleno de incertidumbre. Hubo cierta tensión y luego, una vez en competencia, el equipo peleó todos los torneos hasta el final, por lo que los momentos de ocio fueron pocos y hubo que esperar mucho para tenerlos. Al llegar y transcurrir, no pudo detenerse lo suficiente como para descansar.
Ahora, con varios títulos bajo el brazo, Leiva y el equipo pueden hacerlo. Porque los logros llegaron en cantidad y entonces, la reconciliación fue posible. “No imaginaba para nada todo esto cuando recién llegué. Pero por suerte me salió súper redondo. Más no se puede pedir. Al principio me costó muchísimo. Nos costó muchísimo. A mí y a mi familia. Porque yo me sentía identificado con Boca. Estuve seis años. Es mucho. No había jugado en otro lado más allá de mis comienzos. Y con Peñarol se generó esa rivalidad y por eso me fue difícil. Pero a medida que fui hablando con mi familia, con algunos compañeros y también con Sergio (Hernández), todo se fue minimizando. La decisión fue complicada y al principio costó un poco pero después me entendieron: vine acá a defender estos colores. Firmé para eso. Y se nos dieron los resultados, cosa que ayudó mucho también. Fue fundamental. Y si no nos hubiesen acompañado, también podría haber sido fácil. Porque se ve en la cancha que dejo y dejamos todo. Eso se siente. Es un tema de piel. Creo que también pasó por ahí”, le contó en su casa a El Atlántico el pívot que a los 6 años empezó a jugar al básquet en Ferro porque “mi vieja me mandó a jugar y a natación”.
De todas maneras, más allá de lo que brinda en la cancha, los logros tuvieron mucho que ver. Porque desde 2009, Peñarol ganó dos veces la Liga Nacional, un Súper 8, un Interligas, una Liga de las Américas y una Copa Argentina.
Acompañado por su mujer Diana, y sus hijas, Lola “de 11 años” y Mía “de 10 meses”, Martín Leiva llegó y se quedó en Mar del Plata entre miradas de desconfianza, por su pasado en Boca y la mala relación con la gente. Pero dejando todo en la cancha y ganando cualquier título que se pusiera en el camino, se reconciliaron. “La Liga se disfruta, pero en los play offs es un quilombo. Por suerte estoy con mi mujer y las “gordas”, que me ayudan a descargarme un poco. Ahora ya está. Hace mucho que no me encontraba así. Es como que perdí todas las fuerzas. Estoy súper relajado. Me encontrás tranquilo”, comenta sobre este tiempo de descanso. “El desgaste mental es lo que más te liquida. Llegamos al final con lo justo. Porque el físico se recupera rápido, sobre todo cuando ganás, porque si perdés te duelen más los golpes”, agrega y luego, sobre la sed de triunfos que mantiene el plantel, reconoce que “nadie le dice al equipo que tiene que ganar sí o sí. No es tanta la presión. Porque ya ganamos muchas cosas. Y más allá de que queremos seguir así, la presión es propiamente nuestra. Por eso cuando termina todo, estás liquidado de la cabeza”.
- Mencionaste que hablaste con Sergio Hernández a poco de haber llegado y que te ayudó. Eso marca que, además de lo que sabe del juego, es un entrenador que hace mucho hincapié en la parte humana y aplica su experiencia y su tacto en determinadas situaciones.
- Sí. No se puede decir mucho. Sino tuviera todo eso no podríamos haber ganado tanto. Yo siempre lo vi como un gran motivador a la hora de las instancias finales. Porque a pesar de que tenemos varias encima y sabemos cómo van a ser las cosas, muchas veces es necesario escucharlo. A mí me marcó una situación en Boca, en la final contra Gimnasia una vez y no me la olvido más. Ya desde ese momento lo vi así. Ya lo conozco. Es repetitivo en situaciones pero hace falta. Es muy tranquilo para llevar al grupo y nosotros somos muy respetuosos. O sea, nos puede gustar o no la táctica, pero vamos a full con lo que dice él. El tema es el convencimiento y eso lo logra siempre.
- En varias declaraciones mencionaste que había sido muy difícil retener el título. ¿Tiene un sabor especial el segundo campeonato?
- Nos costó mucho ganar el segundo. Revalidarlo es muy duro. El año pasado ya daban por hecho que íbamos a ser campeones y le pusimos la frutilla al postre. Pero para esta temporada, todos nos querían ganar. Entonces el esfuerzo fue doble. Para los demás, perder con nosotros era normal y para ganarnos se exigían mucho más, y a nosotros también. En un momento tuvimos un bajón, que lo tiene todo equipo. Es lógico. Pero como veníamos tan dulces, de tener una temporada anterior con mucha regularidad, no nos gustó mucho. Pero entendimos que podía pasarnos a nosotros también y salimos adelante. Llegamos en el mejor momento a los play offs.
- ¿Qué momentos podrías marcar como importantes?
- Uno es cuando se toma el descanso Sergio. El equipo se hizo fuerte por situaciones como esas. Eso nos marcó. No esperábamos que se tome licencia. Creo que nos hizo bien. Nos unimos más, para suplir esa ausencia aunque no se puede; para ayudarlo al “Tulo” (NdelR: Fernando Rivero, asistente técnico). Otro puede ser haber enfrentado a Regatas Corrientes en cuartos y dominar esa serie a pesar del 3 a 2. Fue una prueba muy fuerte. También el partido con Libertad, que íbamos perdiendo por 28. Ese es tremendo. No lo podemos creer todavía. Si no lo ves, no lo creés. Eso nos hizo durísimos para encarar la final. Si algo nos faltaba, era eso. Libertad nos costó muchísimo. Nunca los pudimos quebrar. Haberle ganado así, es increíble.
- ¿Pensaban que Atenas podía llegar a la final?
- ¿Por qué no? No lo vimos por el lado de que no podían llegar. Llegó Atenas, con su juventud y su experiencia fue uno de los dos mejores equipos de la Liga. No hay sorpresas.
El karma de los libres
“Hago otras cosas bien eh”, se ataja Martín Leiva. Parece que no le gusta o no tiene muchas ganas de contestar sobre su problema en la línea de tiros libres, donde padece una pobre efectividad. Pero no tiene drama, lo asume y explica: “Es un tema que de a poco voy intentado solucionar. Voy tratando de ganar más serenidad en la línea. No voy a pretender ser un tipo que meta el 90% de los tiros, pero trabajo para mejorar. Cuando entreno meto mucho. En un primer momento era difícil. Me costaba asumirlo. Me iba mal a mi casa. Hablo de cuando jugaba en Boca. Pero lo fui asumiendo y creciendo. Fue de la única forma que gané serenidad”.
- ¿Es un problema que tuviste de chico?
- No, apareció después. Por mi forma de ser. No entendía por qué erraba tanto y se fue haciendo una bola que no pude parar. Lo primero que tuve que entender es que se puede errar. Cualquiera erra. Pero después empecé a tirar muy mal y fue peor.
- También le buscaste la vuelta cambiando la mecánica de lanzamiento.
- Sí. Más que nada como para tener una rutina para sacarme todo lo extra. Para no pensar en nada. Porque es todo natural digamos. Cuanto más pensás, peor es.
Leo Gutiérrez, un amigo del básquet
La amistad forjada con Leonardo Gutiérrez, es una de las cosas que distinguen a Martín Leiva. Recio y “peleador” en la cancha con rivales, árbitros y también con compañeros, con el cordobés son muy compinches, no solamente a la hora de jugar. Se palpa una especie de debilidad. De afuera, se ve un afecto muy fuerte entre ambos. “No estamos todo el día juntos, ni nos juntamos todos los días a comer. Pasa por un tema de respeto entre los dos. Eso es la amistad. Hablamos mucho o intentamos hablar. Nos ayudamos mucho. Porque aunque parece que Leo no necesita, todos la necesitamos”, relató el pívot.
Y si bien hace cinco años que nació esta relación, un tiempo relativamente corto para forjar una amistad tan grande, Leiva comentó que “a veces no es necesario que pase mucho tiempo. Es un tema de piel. Él me respeta y yo lo respeto. Y siempre vamos al frente. Nos ayudamos mutuamente. Por ahí también es un tema de lo que compartimos en la cancha. No sé cuándo fue el momento. Tampoco sé si fue en Boca que se afianzó. Por ahí fue más adelante”.
- ¿Y ese saludo antes de cada partido?
- También viene de Boca, desde los primeros partidos. Cada uno tiene su rutina pero eso lo hacemos siempre. Y cuando empezamos a ganar, lo repetimos.
- ¿Se dicen siempre lo mismo?
- No, varía. Hablamos los dos. Depende el momento también, por ahí uno dice algo y el otro escucha. Siempre son palabras de aliento, para entrar fuertes a la cancha.
Martín Leiva opina sobre…
Sebastián Rodríguez
“Tato” es el Gran Capitán. Sintetiza todo lo que es Peñarol. Es un símbolo del club.
Facundo Campazzo
Insoportable. Nunca vi un pibe tan así. Siempre pienso si yo cuando tenía 20 años era así y no. Siempre lo hablamos con Marcos. En la cancha no para. Juega como un veterano y como si fuera más alto. Tiene mucho para recorrer.
Kyle Lamonte
Ya es un argentino más. No es como la mayoría de los extranjeros con los que jugué. No le importa ser el goleador ni resaltar. Él lo que quiere es ganar. Por ahí es como Byron (Wilson), pero jugó mucho acá. No sé si lo de Kyle lo trae de escuela o de dónde. Pero está a disposición del equipo y eso no se ve en todos los extranjeros.
Selem Safar
Un tipo con mucho coraje. Va al frente en todas las canchas. Siempre está dispuesto a tomar sus tiros. Es uno de los que parece de más edad a la hora de jugar, como Facundo. Es un “dos” tirador y hace eso y te lo va a dar. Pero además defiende.
Marcos Mata
Un laburador. Un silencioso, que nadie lo ve y que por ahí no hace puntos pero fue el mejor jugador de la cancha. A mí me ayuda muchísimo en defensa. Se tendría que ver más lo que hace. Le das cualquier jugador para que lo marque y lo domina tranquilamente.
Nicolás Lauría
Ufff… mi compañero de pieza. No lo aguanto más. Que no renueve o que lo cambien de habitación jajaja. Es difícil porque lo tengo en la pieza y lo cago a pedos todo el tiempo. Entendió el rol a la perfección, igual que Selem, cuando llegaron. Eso es importante, porque cuando uno es chico quiere jugar más y resaltar. Y cuando nos quedamos sin Marcos nos dio una mano impresionante. Jugó partidos en forma superlativa como contra Libertad y con Sionista en Paraná.
Leonardo Gutiérrez
El líder del equipo. Con eso redondeo todo y mucho más. Porque no es fácil ser líder. El tipo es eso. Lo que todo equipo necesita. Y creo que ese papel le queda chico. En los momentos que tiene que aparecer, aparece. Está siempre a disposición y es un ganador nato. Es un gran líder y un gran ganador. Tiene una mentalidad que vi en muy pocos. Todo el equipo aprendió de él. Es difícil decir algo porque es mi amigo. No puedo ser objetivo. Voy a la guerra con él. Y con los ojos cerrados.
Alejandro Diez
Otro que vive entendiendo su rol, viniendo desde atrás de Leo, que no es fácil. Tiene mucha calidad como jugador y tranquilamente podría jugar más en otro equipo. Siempre te da soluciones. Me tocó sufrirlo eh. Porque puede defender a cualquiera. A un tipo más fuerte o más rápido que él. Además tiene buena mano. Es un tipo que en pocos minutos puede dar muchas cosas.
Martín Leiva
No sé. Ayudo en lo que puedo. En lo que el equipo necesita. No tengo un juego muy vistoso, soy silencioso. Eso me hace ser un laburador, un tipo que aunque no se vean las cosas, el que sabe de básquet entiende por qué estoy en un equipo ganador Peñarol. Trato de ayudarlo a Leo como líder. Voy atrás y levanto al equipo. Trato de dar una mano en muchos aspectos y eso me hace sentir importante.
Alejandro Reinick
Un gran trabajador. Todos los días trabajando para esto, para el básquet. Un tipo fuerte, que siempre está. También entendió el rol. Entró y aportó desde su veteranía y experiencia y desde lo silencioso. Igual, la hinchada lo reconoce. Lo ve como un símbolo de huevos y de ir al frente. Y yo lo veo así también.
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