
La sentencia contempló a las violaciones como delito de lesa humanidad. Una sobreviviente de La Cueva no ocultó la emoción y una abogada de la querella reparó que en la dictadura el objetivo fue “disciplinar a quienes consideraban subversivos”
“¿Salimos otra noche?”. El llamado llegó el sábado a la noche a la casa de Leda Barreiro. Era Marta García de Candelero, quien le reveló la buena noticia: el fallo judicial que condenó a Gregorio Rafael Molina a prisión perpetua por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la última dictadura cívico militar fue reconocido internacionalmente. Esa sentencia determinó, por primera vez en el país, que las violaciones son delito de lesa humanidad, en el marco del terrorismo de Estado. Leda y Marta son sobrevivientes de La Cueva, el centro clandestino de detención que funcionó en la Base Área local, donde Molina fue verdugo, torturador y violador de mujeres cautivas.
Tras la sentencia Leda y Marta habían compartido una noche de celebración, por la paz que la Justicia les había otorgado, aunque de ello prefirieron no hablar. Ahora, habrá otra noche de encuentro. Leda reveló que, a pesar de todo, no les habían quitado la ternura y la posibilidad de disfrute.
La sentencia emitida casi un año atrás por el Tribunal Oral Federal Nº 1 de Mar del Plata – integrado por Juan Leopoldo Velázquez, Beatriz Torterola y Juan Carlos París- contra Molina fue reconocida con el premio “Mallete” de oro por Women’s Link Worldwide, una organización no gubernamental internacional de derechos humanos.
El reconocimiento se dio durante la tercera edición de los “Premios Género y Justicia al Descubierto”, que reconocen con el “Mallete” y el “Garrote” las mejores y peores decisiones vinculados con la equidad de género, efectuadas dentro de un proceso judicial.
Que se haya reconocido a las violaciones como delitos de lesa humanidad fue en gran parte mérito de la querella encabezada por César Sivo, e integrada también por Natalia Messineo, Victoria Vuoto y Aldana Balsi. A ellos, Leda extendió “un profundo agradecimiento”.
En comunicación con El Atlántico, Vuoto destacó: “Para nosotros es un reconocimiento muy importante porque implica poner en valor una resolución judicial que promueve la equidad de género. Quizás como marplatenses no hemos caído en la cuenta de la importancia de la sentencia, pero es un precedente a nivel internacional muy importante”.
La joven abogada planteó que, por ejemplo, durante las guerras de la ex Yugoslavia y Ruanda, nunca se había tomado la violación como delito de lesa humanidad. Incluso, en el país, no había precedentes de esto: en las causas Barcos en Santa Fe, o en Atlético - Banco - Olimpo las violaciones fueron tomadas como torturas.
“En la causa Molina se le da una entidad distinta a los delitos contra las mujeres”, destacó Vuoto. “El objetivo –señaló- era disciplinar a quienes consideraban subversivos, y con la mujer se buscaba disponer también de su cuerpo”.
En este sentido, planteó que sólo las mujeres fueron víctimas de la maternidad clandestina y de la desnudez constante. “En la Esma -relató- era una práctica común sacar a las mujeres a pasear, las vestían para la ocasión: hay una anécdota de una prisionera de la Esma que cuenta que un guardia le regaló un perfume francés. Estaba cautiva, engrillada y con olor a perfume importado”, describió.
La abogada, planteó que “se intentó imponer la femineidad que ellos querían”, y así transformar a “la militante” en “una mujer occidental y cristiana”. No es casual, planteó que en los centros clandestinos de detención y tortura se referían a las mujeres como prostitutas.
Vuoto planteó que la implementación del plan sistemático estuvo escrita: los secuestros, los interrogatorios. “Esta sentencia puso sobre el tapete parte del plan sistemático que incluyó la apropiación de bebés y las violaciones de mujeres en cautiverio. Hechos que eran conocidos por las fuerzas armadas. Se sabía en La Cueva que Molina llegaba borracho y violaba mujeres. Y no había sanciones, por lo que se interpretaba que ese comportamiento era permitido”, determinó.
CORAJE
“A veces las palabras no sirven para expresar sentimientos tan profundos”, se excusa Leda. “A veces la palabra es una herramienta inútil”, agrega luego. Pero ella lucha contra la emoción. Valentía le sobra.
Agradeció a la querella y celebró una vez la sentencia que condenó a Molina a una cárcel común. “La palabra es reparación”, sostuvo. “Como víctima, lo primero que me sucedió es sentir un nudo en la garganta. Después me sentí orgullosa de la gente que llevó a cabo este trabajo. La sociedad no tiene idea de cuánto se trabajó”, expresó.
Ella tuvo el coraje de hablar para evitar que Molina quede libre. Por eso se atrevió a romper años de silencio. Por eso, dijo, se atrevió a volver a pasar por el infierno al revivir su cautiverio. Ahora, es tiempo de celebración. Por la condena lograda un año atrás y el reconocimiento a una sentencia con equidad de género.
El jurado
El jurado que escogió los premiados estuvo conformado por la periodista y escritora mexicana Lydia Cacho, el juez español Baltasar Garzón y la abogada norteamericana, especialista en derecho internacional, Patricia Sellers.
Un Garrote para Piombo
Entre los ganadores al premio Garrote –otorgado a aquellas decisiones judiciales negativas para la equidad de género- se le dio, en la categoría Plata, al Primer Tribunal de Casación de Buenos Aires. Los jueces Horacio Daniel Piombo –además docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata- y Benjamín Ramón Sal Llargués decidieron reducir a la mitad una condena por violación a un pastor evangélico, argumentando el origen humilde de las víctimas, su minoría de edad y el hecho de que ellas hubieran tenido relaciones sexuales anteriormente. “Con la selección de este caso se refleja el repudio global que existe actualmente al problema del abuso sexual por parte de líderes religiosos y la falta de respuesta de la justicia”, indicaron desde Women’s Link Worldwide.
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