Los desafíos de la actividad, distantes de simplificarse, crecen al ritmo de la necesidad que el rubro tiene de ocupar un trascendental rol en la economía argentina. Una industria que busca dejar atrás el desconocimiento
Un año después de que los empresarios más importantes del sector de la minería en la Argentina realizaran una demorada apertura del conocimiento de sus actividades hacia la sociedad (ver notas relacionadas); llegó el turno de dar lugar y voz al grupo de académicos y profesionales más trascendentales de ese rubro en el país.
Esta nueva reunión sobre la materia tuvo lugar otra vez en la ciudad de Buenos Aires y El Atlántico recibió por segunda vez consecutiva la invitación especial como medio de comunicación del interior del país de parte del coordinador del evento, Claudio Gutiérrez, director periodístico de la revista Prensa Geo Minera; con el fin de seguir de cerca el proceso que esta actividad busca desarrollar, aún en forma desconcertante, en todo el país.
Ingenieros de minas y geólogos destacados de las principales Universidades de la Argentina mantuvieron un preocupado debate que incluyó, además, otras dos piezas fundamentales: la presencia de Héctor Laplace, Secretario General de la Asociación Obrera Minera Argentina (AOMA) y la visita de Manuel Benítez, Presidente de Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio (YMAD), una empresa dedicada a explorar, explotar y comercializar yacimientos con su central productiva ubicada en la provincia de Catamarca.
En un tono mayoritariamente crítico, los especialistas expresaron cierto descontento generalizado para con algunas acciones y, sobre todo, inacciones que las empresas mineras protagonizaron en el último tiempo.
Ante este panorama, en conjunción con la mencionada apertura que la actividad privada minera intentó dar a luz desde hace un año atrás hasta estas fechas, y que aún tiene mucho camino por recorrer; el presente de la actividad sigue encontrándose con un frente de tormenta que lejos parece estar de desaparecer.
Este contratiempo ha sido percibido hace tiempo por Hugo Nelson, presidente del Grupo Aportes, un núcleo de representación de la red de académicos más involucrados en esta temática en la Argentina. Para el ingeniero, la minería “va perdiendo la batalla, seamos sinceros, basta con prender la TV para darse cuenta que hay un movimiento en contra de la actividad”.
Al respecto, Nelson solicitó que los estudiosos de la materia deben “dejar de hablarle a la prensa especializada y en cambio dirigirse más hacia la sociedad” con el fin de “no regalar más espacios”. “No veo que las Universidades estén activas” agregó, aunque posteriormente también repartió culpas: “las empresas mineras tampoco trabajan en conjunto”.
El dirigente recordó un ítem clave que en la corta vida del desarrollo minero en el país aún genera dudas fundacionales de credibilidad en la sociedad argentina: “la minería se puede hacer bien y puede ser una actividad noble”. Las dudas son miles, aunque van en descenso.
Sobre el final de su exposición, Nelson lamentó que se “sentencie a la minería desde los manuales de sexto grado” y bregó por otras formas de “facilitar a la sociedad los datos que está pidiendo sobre la actividad”.
Por su parte, en su alocución, el ingeniero Marcelo Bellini, Vice Decano de la Universidad Nacional de San Juan, informó sobre lo acontecido en el Foro de debate Minería y Sociedad que esa casa de altos estudios desarrolló tiempo atrás en su sede. Al mismo, contó Bellini, asistieron aproximadamente unas doscientas cincuenta personas, de las cuales “200 eran activistas anti-mineros y 50 fueron a informarse”. El ingeniero reconoció que “del Foro salimos perjudicados, supimos al retirarnos que nos equivocamos porque los espacios que no ocupamos los ocupan otros. Y las empresas estuvieron ausentes” criticó.
En ese último punto reside la mayor rispidez entre los especialistas universitarios que desean la prosperidad de la actividad y las propias empresas mineras.
Al respecto, Bellini pidió que “las empresas tejan una alianza que nos ayude para llevar conciencia a la sociedad” y aclaró “no debemos tener miedo de que nos digan que estamos comprados”, en una declaración que buscó desterrar las sospechas de siempre.
En relación a los avances que continuamente encuentran los que rechazan la actividad minera en la Argentina; el ingeniero de la Universidad de San Juan justificó que así resulta porque “los que están en contra, están organizados” y como consecuencia reiteró su pedido para que “la pata empresaria y la pata universitaria no estén desunidas”. “La minería es tan riesgosa como cualquier otra actividad industrial”, cerró.
Por su lado, Eduardo Domínguez, geólogo de la Universidad del Sur, de Bahía Blanca, se refirió a las acusaciones más habituales que sobrevuelan la minería: “si no es contaminar, es que se roban todo, contra los dogmas, es difícil. Hay que resaltar las cosas positivas de la actividad, estamos siempre en la postura de defenderla” pidió. “La gente piensa en la minería y piensa en el pico y en la pala, se generan grandes mitos” agregó.
En el devenir de la reunión, se percibieron otras voces en desacuerdo con las empresas. Marcelo Caballero, geólogo universitario dejó en claro que “defender la minería, no debe confundirse con la defensa de las empresas mineras” y reclamó: “no puede ser que la Universidad defienda la actividad y las empresas no digan mucho en ese sentido”.
Para entender una de las particularidades en el mundo de las críticas hacia la minería hay que saber cuál es la visión que tiene la gente que vive cerca de una mina. Los especialistas aseguran que las personas que residen junto a un yacimiento no tienen el mismo análisis que los que no y justamente, el pensamiento que de allí se emana, no es crítico hacia los emprendimientos ni refieren un impacto ambiental negativo.
Minería de excelencia
Horas después, llegó la representación exclusiva del sector privado, que estuvo a cargo de Manuel Benítez. El Presidente de YMAD advirtió que aunque “Argentina no tiene un largo pasado en el desarrollo minero -no hay más de 15 años de evolución en lo que se denomina gran minería-, eso es bueno, porque lo que se utiliza en la actividad es de última generación” contó. “Es una actividad dura, comprometida con la gente donde no llegan otros sectores sociales” valoró y tiró cifras: “hemos tenido un crecimiento que a nosotros mismos nos sorprendió. Éramos el 0,3% del PBI y hoy estamos debajo del 4%”.
Benítez también se refirió a la contaminación que podría generar la actividad y fue tajante: “Canadá y Australia son países mineros por excelencia. No hay país con mayor cuidado del medio ambiente y el derecho del ser humano que Canadá y nosotros acá en Argentina hacemos ese tipo de minería” aseguró.
Así las cosas, ¿cuál es entonces el problema de tantas complejidades para un desarrollo minero que tenga una aceptación mayor generalizada?. Para el directivo de YMAD, hay motivos: “No estamos en el Obelisco, estamos donde la Argentina tiene su riqueza. La minería no utiliza a la política y eso no la favorece” sugirió.
Sobre el cierre, Héctor Laplace, el Secretario General de AOMA, brindó la visión del minero argentino. Refutó las cifras dadas un rato antes por Benítez, que ya no se encontraba presente, sobre el aumento en el PBI, al que fijó en apenas poco más del 2%; y le pidió a las Universidades capacitación a los pobladores de las zonas en donde un yacimiento desarrolla sus actividades, “para que tengan trabajo ellos y no que deba ir gente de afuera”. Laplace trazó una realidad de la Argentina minera que poca gente conoce: “hay traslados de recursos humanos masivos, continuos, extenuantes y prolongados, desde Salta y Jujuy hasta Santa Cruz, por ejemplo”.
En el final de su disertación también puntualizó cosas positivas: “hay desempleo cero en la actividad minera; geólogos e ingenieros de mina tienen trabajo asegurado” y sobre lo sucedido en Chile expresó “entendemos que en Argentina funciona bien la seguridad y la salud del personal en las minas” aunque advirtió: “en AOMA no hacemos lobby. Si hay empresas que hacen las cosas mal, las vamos a denunciar”.
Desde la coordinación del encuentro dejaron entrever, además, la positiva muestra que tuvo la presidenta Cristina Fernández para con la actividad minera al reunirse en junio pasado en Toronto, Canadá, con Peter Munk, el CEO de la Barrick Gold Corporation, en un almuerzo conjunto con el gobernador de San Juan, José Luis Gioja, y esa corporación minera, una de las más reconocidas del mundo que tiene inversiones, justamente, en San Juan, la provincia argentina pionera en apoyar la actividad minera en el país.
Sin embargo, también reconocieron que la Ley de Glaciares aprobada recientemente, sostenida en la versión promocionada por Miguel Bonasso y que la Presidenta había vetado dos años atrás; plantea una falsa dicotomía entre glaciares y actividad minera.
La Ley, en su artículo n°6, especifica una clara prohibición para la minería. La restricción no alcanza solo a los glaciares; se incluye también a aquellas actividades que de desarrollen en los ambiente periglacial. Para las empresas mineras, hay una imprecisa definición del término periglacial que, aseguran, traerá inconvenientes en el futuro.
La minería aún no se ha integrado al diseño macro estratégico del crecimiento económico del país. Se ha comprobado que esta industria posee una enorme capacidad de generar fuentes de trabajo, riquezas y distribuir mejor la calidad de vida principalmente en zonas muy lejanas de las grandes ciudades. Dentro del mencionado corto plazo de desarrollo de la minería en el país, de un tiempo no lejano a esta parte la actividad a entrado en debate y va sumando adeptos, quizá todavía en núcleos algo cerrados. Sabido es que los tiempos políticos son contrarios a la producción económica, y ni hablar a los procesos sociales y de generación de nuevo conocimiento.
Tras el encuentro, fue evidente que otros nuevos desafíos quedaron planteados para la minería; como si fueran pocos los que afronta. El sector académico del rubro tiene una altísima predisposición para enaltecer la actividad y reclama un mayor compromiso del sector privado, curiosamente el que sería el mayor beneficiado; que por ahora sigue reconociendo debilidades y le cuesta aún demostrar cuan afectado está en el desmerecimiento de su actividad.
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