
En una jornada gris, centenares de amigos, familiares y gente de la cultura marplatense se acercaron a despedir al director del Teatro Colón, lugar que supo ser su segundo hogar. Lo recordaron como un hombre emprendedor, trabajador, algo gruñón, constante y alegre
Muestras de dolor y de amor. Lágrimas mudas y llantos desconsolados. Flores de todos los colores y de todos los amigos. Centenares de personas despidieron ayer a Guillermo Eduardo “Willy” Wullich, en el mismo Teatro Colón, donde pasó 13 años de su vida. El cajón fue dispuesto en el ingreso de la sala. Allí donde se paraba para recibir, siempre sonriente, a los espectadores de cualquier obra o espectáculo.
“Garúa... tristeza... ¡Hasta el cielo se ha puesto a llorar!”, dice el tango al que Troilo le puso música. El cielo gris, la llovizna constante, no varió desde la noche del lunes. A las 21.40, Willy Wullich estaba tomando un café, como acostumbraba, en la esquina de San Martín e Hipólito Yrigoyen. Su corazón se detuvo y los intentos por reanimarlo fracasaron.
Ayer, su recuerdo estuvo más vivo que nunca. Hubo quienes prefirieron no acercarse al cajón, prefirieron rememorar su rostro sonriente, casi desbordado de alegría, por el reconocimiento que, una semana antes, se le hacía en el Concejo Deliberante.
Uno de los primeros de llegar al velatorio fue el padre Hugo Segovia. “Pensaba, –dijo- que la muerte es la separación del alma del cuerpo. Y yo entraba aquí, al Teatro Colón hoy, y casi como que me encontraba con un muerto. No Willy, sino el Teatro, porque el alma del Teatro es él. El alma voló”.
Pero no quiso quedarse con un recuerdo triste. “Quiero que quede el recuerdo vivo de él. Era un hombre de trabajo, de proyectos, que estaba viviendo del teatro y para el teatro. Así fue toda su vida. El teatro debe seguir, porque como dicen los artistas, la función debe continuar. Pero lógicamente con un gran dolor. No solamente para el teatro, sino para toda la ciudad”, mencionó Segovia.
En que era un buen tipo, todos coincidieron. Y algunos también revelaron que era un hombre cabrón. De todas maneras recordaron de él su trabajo constante para relucir la cultura marplatense.
“Willy fue un tipo muy trabajador y además muy conocedor de lo que hacía, y te lo digo yo que no tuve una buena relación con él. Así y todo, hemos discutido, hemos peleado, pero siempre el tipo estaba laburando y haciendo cosas por el teatro”, señaló Luis Reales, destacado pianista marplatense que supo hacer giras con él y Susana Rinaldi.
“Incluso –añadió- te diría que salvó a este teatro”. Se refería a la crisis del 2001 que puso en duda que el Colón siguiera dependiendo del Municipio. Se dijo también que en los últimos días puso una suma importante de dinero (casi $7000) para paliar problemas de calefacción que la Comuna demoraría en subsanar.
Reales recordó también su faceta de productor. “Produjo teatro, las obras del grupo que se llamaba ‘Errare Humanum Est’, que eran Solá, Leyrado, Grandinetti. Lo de Vilches. A pesar de que algunas veces tuvimos discusiones, siempre lo voy a recordar bien, por eso vengo a darle el saludo final”, apuntó.
Polo Román, integrante de Los Chalchaleros, también se acercó a despedir a un amigo. Contó que lo cruzó el domingo, que Willy estaba en el café y no se detuvo a darle un abrazo porque lo vio rodeado de gente. Al recordarlo, señaló: “Una maravilla de tipo. Un hombre con una honestidad increíble, con transparencia. Insistía siempre con que vengamos al teatro a actuar, a entregar la música. Él siempre estaba presente. Tomábamos cafecito en la esquina y charlábamos un poquito de la vida”.
Estaba en su casa cuando un vecino lo llamó para avisarle: “Me dolió el alma. Estaba tan fea la noche, parecía que el cielo lloraba también por él”.
“Hace mucho tiempo que él me decía que no se sentía bien, que andaba fallando, que no veía… Pero es un dolor muy grande porque no va a haber otro como Willy”, mencionó.
“La gente que lo conoció de cerca sabe que es la pura verdad. Fue un hombre único. No sé si va a haber un director tan eficiente como este. Vivía pensando en su teatro, en los artistas, en la comodidad, en tener una sala de una casa de familia, impecable siempre”, lo describió y recordó que hasta tangos lo hizo cantar en el escenario del Colón.
Susana Frangi, directora de la Orquesta Sinfónica, lo conoció este año aunque supieron entablar una relación intensa. “Él estaba muy involucrado con el quehacer también de la Orquesta. Hemos tenido buenas conversaciones, buenas discusiones, y hemos llegado a buenos puntos de acuerdo. Él siempre priorizó la organización del trabajo y el empuje que se le podía dar a los organismos que se cobijaran en el Teatro Colón”, indicó.
“Su presencia tuvo mucho peso en el Teatro, cobijó muchos grupos de teatro, musicales, siempre defendiendo el espacio para sus artistas. Siento realmente muchísimo la pérdida de Willy. No va a ser sencillo reemplazar a alguien que vivía en el teatro, no era un funcionario más”, sostuvo.
“MUY DIFÍCIL DE REEMPLAZAR”
Fernando Rizzi, concejal de la UCR, estuvo desde temprano en el Teatro. Sus ojos cargados de lágrimas revelaban la tristeza. “Willy por la calle era ya un símbolo de Mar del Plata”, dijo al recordarlo.
“El recuerdo era siempre el pelearlo, el buscar que se enojara. Me acuerdo de muchas frases que quedaron registradas. El ‘claro’, el ‘ahí va’; o cuando nos peleábamos ‘qué desagradable que sos’, que a uno lo hacía reír y enojar un poco también. Mar del Plata pierde a un gran funcionario, a una gran personalidad de la cultura, pero más que nada a un querido amigo que va a ser muy difícil reemplazar”, sostuvo el edil. Varios compañeros de bancada también dijeron presentes. Vilma Baragiola y Eduardo Abud se mostraron visiblemente emocionados.
Hubo algunos otros concejales, funcionarios y acudió también el intendente Gustavo Pulti. Estuvieron su madre, sus hermanos, familiares y gente amiga. Se acercaron algunos periodistas que supieron entablar una relación amistosa como Vicente Ciano; músicos marplatenses y actores, entre ellos quienes llevan adelante Teatro x la Identidad, a quienes Willy supo brindar siempre un espacio. También se presentó el obispo Juan Alberto Puiggari.
Cerca del mediodía, el intendente se presentó en el lugar. Dijo que se trataba de “la despedida triste de un amigo de los marplatenses, de un hombre tierno y lindo, que ha sabido mantener sus valores humanos y afectivos a lo largo de toda la vida”.
“Con Willy se va una persona de valores importantes: consecuente, seria, divertida; gruñona aunque un gran tipo. Va a ser difícil imaginarse estas calles sin él”, añadió.
Pulti reconoció su labor al frente del Teatro. “Él ha logrado una gestión, donde la gente de la cultura, lo ha sentido siempre cercano. Nosotros no nos habíamos propuesto un teatro Colón para las elites, sino para todos los marplatenses. Él pudo seguir en ese lugar y lo hizo con mucha alegría”.
Pasadas las 15.30 la caravana, cargada de coronas florales, marchó hasta el Cementerio Parque Colinas de Paz.
Raquel, la madre de Willy, estaba muy dolida y prefirió no hablar. Dijo que su hijo le hizo mucho bien a la ciudad. “Primero que nada pensaba en los marplatenses”, mencionó.
A Segovia, Wullich lo llamaba “Curita Gaucho”. Se conocieron porque, arriesgó en la comparación, eran “dos animales de teatro”. El Padre se sonríe y revela su amor por el teatro, y desde allí el reconocimiento profundo a Willy. Fue Segovia quien rememoró el reconocimiento que tuvo lugar una semana atrás y sugirió que esta historia tiene un final feliz. Que como si estuviera preparado el libreto, como si se tratara de una obra de teatro, Willy se marchó contento. “Toda la comunidad estaba aplaudiéndolo, saludándolo. Y él estaba contento, rebosante. Esa es la imagen que nos queda”. El dolor es tremendo, dijeron los presentes. Pero el recuerdo es imborrable.
Lo conocà durante sus presentaciones de espectáculos en el teatro, sin micrófono, a viva voz pidiendo que defendierámos a los artistas que veÃan devorada su difusión porque los espectáculos de buenos aires arrasaban con todo y muchas veces, eran de calidad dudosa. Y estoy de acuerdo por eso cada vez que voy a la Ciudad que adoro, voy al Colón. Espero ir pronto y sentir el duende de Willy diciendo lo de siempre: defendamos este espacio, a los artistas!! Allà donde estés la mayor paz para vos Willy, te fuiste demasiado pronto peor dejaste una obra que espero las gestiones sostengan y respeten como a tu memoria!
Y en su lugar Pulti nombrarÃa a uno de sus secuaces coimeros, "Pupeto Mastropascua alias me quedo con la plata de los tercerizadores de eventos".
Pulti querÃa jubilar a Willy y eso no ayudo a este triste desenlace.
Vamos a extrañar sus palabras antes de cada funcion, con su orgullo por el teatro y sus elencos. Se va una persona que amaba lo que hacia. una gran perdida para Mar del Plata pero tambien para la cultura popular. Siempre lo recordaremos
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