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23.08.2010 | 07:11 hs.

Adiós al último irreverente de la literatura

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Rodolfo Fogwill, un símbolo de la literatura argentina.-
Rodolfo Fogwill, un símbolo de la literatura argentina.-

A los 69 años, el autor de la inolvidable novela “Los Pichiciegos”, falleció a causa de un enfisema pulmonar provocado por su adicción al tabaco

El cigarrillo no sólo tiñó su tupido bigote, también terminó con su vida. La madrugada del sábado fue el momento elegido por Rodolfo Fogwill para morir. 

Su irreverencia, la pluma mordaz y una intuición al margen de modas efímeras, son las marcas de identidad que deja como legado el escritor Rodolfo Fogwill, que falleció el sábado a los 69 años como consecuencia de un problema pulmonar.

El autor de "Restos diurnos” falleció en el Hospital Italiano, donde se encontraba internado a raíz de un enfisema pulmonar derivado de su conocida compulsión al cigarrillo.

A tono con su fama diletante, a lo largo de su vida Fogwill ejerció múltiples oficios, entre ellos sociólogo, empresario, publicista, profesor titular de la Universidad de Buenos Aires, ensayista y editor de una legendaria colección de libros de poesía.

También trabajó como agente de la Bolsa y fue columnista de temas políticos y culturales. Fuera de su agitada actividad pública, estuvo preso, fue adicto a la cocaína y confesó alguna vez que tuvo un revólver Smith & Wesson a los 10 años, un barco a los 15 y su primera novia a los 17.

"Por veinte años fui consultor de una tabacalera y pude librarme -en orden- primero del cine, después del dinero, del alcohol, de la marihuana y finalmente de la cocaína, pero aún sigo dependiendo de la estúpida nicotina", aseguró el autor de eslóganes y campañas publicitarias como "Suaves pero con sabor, el equilibro justo", para los cigarrillos Jockey.

Fue el cuento "Muchacha punk” -con el que obtuvo el primer premio en un importante certamen literario en 1980- el disparador que lo impulsó a abandonar su carrera empresaria para comenzar, según sus palabras, "una trama de malentendidos y desgracias" que lo llevaron a su "oficio" de escritor.

Con el dinero de ese galardón fundó una editorial con la que publicó "Poemas”, de Osvaldo Lamborghini, y "Austria-Hungría” de Néstor Perlongher, entre otros.

Fogwill a secas -le gustaba firmar prescindiendo de su nombre de pila - se caracterizó por su personalidad explosiva y su pluma irreverente: de hecho, su permanente uso de la provocación le facilitó contadas enemistadas que incluso minaron la continuidad editorial de su obra.

El escritor, nacido en Buenos Aires en 1941, deja como legado una veintena de títulos que atraviesan todos los géneros pero que mantienen como marca distintiva el sentido del humor y una prosa vertiginosa cargada de referentes que funcionan para enriquecer lo que se narra y al mismo tiempo reflejar la época en que fueron escritas.

Entre sus obras más conocidas se encuentran "Los pichiciegos” -considerada la mejor novela sobre la Guerra de las Malvinas-, "Urbana”, "La experiencia sensible”, "Urbana2”, "Runa” y "Vivir afuera”, con la que consiguió el Premio Nacional de Literatura en 2004. Hace dos años publicó "Los libros de la guerra”, recopilación de su trabajo en prensa.

Sin duda en “Los pichiciegos” -que lleva como subtítulo “Visiones de una batalla subterránea”- Fogwill supo presentir las atrocidades y desventuras de los jóvenes soldados en las islas del sur. “No era una novela contra la guerra, sino contra las modalidades dominantes de concebir la guerra y la literatura”, expresó el autor sobre su obra que tuvo su primera distribución mimeografiada en el Hospital Albert Einstein de Sao Paulo, antes de la rendición argentina en junio de 1982

“Estaba escribiendo sólo acerca de mí, de la revolución, la contrarrevolución, el amor, el comercio, la democracia que sobrevendría”, argumentó

También escribió "El efecto de realidad”, "Las horas de citas”, "Mis muertos punk”, "Música japonesa”, "Ejércitos imaginarios”, "Pájaros de la cabeza”, "Partes del todo”, "La buena nueva”, "Una pálida historia de amor ", "Cantos de marineros en las pampas” y "En otro orden de cosas”.

Uno de los temas recurrentes en su narrativa fue el amor: "No sé qué es el amor, pero sé que si hay algo que te puede salvar es el amor. Creo que tiene que ver con el amor propio, una cuestión neurofisiológica que te produce una sensación de totalidad; nada lo puede remplazar”, definió en una entrevista.

"Inmediatamente después de salir por la televisión y tener éxito los cinco minutos de gloria de todos en la sociedad democrática, te das cuenta de que no existió, que fue sólo una puesta en escena y que está terriblemente desarticulado... El amor, en cambio, produce un bienestar casi neurológico", aseguró en esa ocasión.

Ganador de la prestigiosa beca internacional Guggenheim en 2003, Fogwill deja a sus lectores un puñado de textos urgentes que dan cuenta de un pensamiento ajeno a las modas y un olfato para intuir "lo distinto”, que lo llevó a descubrir la obra de colegas como Alberto Laiseca, César Aira o Perlongher cuando nadie antes había apostado por ellos.

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