
El Básquetbol en la Argentina tuvo “un antes” y “un después”: el Campeonato Mundial de 1950. Hasta ese momento se puede decir que el deporte que pregonó Oscar “Pichin” Furlong, un Maradona de ese tiempo, no había impactado en todos lados
En Mar del Plata, si bien tenía ya trascendencia en algunos clubes – Nautico, Atlético Mar del Plata, Defensores de San Martín, luego Juventud Católica, Independiente- la popularidad llegó después de los ´50. En 1937, nacía Adolfo Taymir Urciuoli. En pleno centro marplatense, sobre las calles San Martín y San Luis, curiosamente en la manzana en donde unos años antes había nacido el gran innovador de la música ciudadana, el célebre y polémico Astor Pantaleón Piazzola. Se puede decir que esa fue nuestra “Manzana de las Luces”, para el tango y el básquetbol.
En los comienzos de los ´60, sin embargo, el gran malabarista del básquetbol argentino era Oscar Ibañez – cariñosamente apodado “el Loco” – una especie de Mago Fafa - (nada por aquí, nada por allá) – según una historieta de ese tiempo. Urcioli en los ´60, era una réplica de todos esos exponentes; amague, freno, salida por ambos lados de la marca y envío certero al aro. Un fenómeno cuya talla – no sobrepasaba 1,85 – lo hacía bajo entre los “lungos”. Hace unos años el “Negro” nos decía: “A los 13 años fui a probarme a Peñarol y allí quedé para siempre. Mi maestro en el juego y orientador en la juventud fue Heraldo Apa, que en ese tiempo tenía unos 25 años. Siempre lo recuerdo por sus conocimientos y su calidad de persona, se podría decir que él llevó el entusiasmo por ese juego al club.”, evocaba Urciuoli, siempre delgado, algo canoso, de rostro anguloso y mirada penetrante.
Hoy a los 73 años, debe tener dos kilos más que cuando la rompía en el rectángulo. El popular Negro Urciuoli, fue ídolo en Peñarol primero y luego en la selección marplatense de Básquetbol. Cuando todavía no había dejado de jugar ya enseñaba la técnica de la “anaranjada” en su “casa”, Peñarol. En el ´70, tenía unos 400 chicos de categorías menores aprendiendo “la doctrina”: llevarla con la cabeza levantada, el secreto de un buen pase y la oportunidad del envío a la canasta.
En los ratos libres, Urciuoli jugaba al fútbol. Un dotado por naturaleza: jugaba bien a todo. Hasta el casín lo tenía como destacado. En 197l, mientras se ganaba la vida manejando un taxi lo contrató Kimberley para organizar todo el básquetbol de la institución, por entonces la más poderosa de la ciudad. Dejó un tiempo Peñarol y también el taxi, para cumplir con esa función profesional. No obstante, Peñarol, hace 50 años, sigue siendo su segundo hogar luego de haber sido “el crack”, hasta intendente del club.
Una vez le preguntaron al gran Enrique Omar Sívori que era para él un crack. Y el célebre “cabezón” contestó: “Un crack es aquél jugador que por sí solo puede ganar un partido”, en una sentencia aplicada al fútbol. Urciuoli fue un crack en el básquetbol de su tiempo. Por eso este título en parte es también suyo. Y vale este homenaje a un grande.
Por José Luis Ponsico
Me parace acertadisimo el comentario publicado publicado con relación al "Negro Urciuoli", se merece que se lo recuerde en todo acontecimiento que tenga que ver con la vida del Club Peñarol, ya que el "Negro" es parte de ella como deportista que lo fue, pero mucho mas como persona que lo es, felicitaciones a Ponsico, por el recuerdo.
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