
Casi como un jugador más del plantel, El Atlántico estuvo cerca del banco de Peñarol y vivió la coronación instante a instante. Vivílo de nuevo.
Minutos antes del partido, apareció el presidente Domingo Robles y arengó a Diez y Gutiérrez, que estaban elongando sobre la línea final. “Vamo´, vamo´”, dijo “Mingo”.
“Dejame el último”, le dijo Mata a Vega. Pero el entrerriano no le hizo caso y lanzó un triple antes de la presentación. “Tato” le dijo algo a la pasada a Legaria y se rieron. Después, el capitán fue corriendo a firmar la planilla. Leo, sentado, miraba el marco impresionante. Después se paró y arengó a cada uno de sus compañeros. Y luego del himno, en medio de la emoción como casi todos sus compañeros, suspiró y se enfocó en el partido. “Vamos que es lo último, dale”, le dijo Leiva en el tradicional abrazo que ya es un clásico. Campazzo dijo “qué golazo”, tras una penetración de Leo entre tres rivales.
“Ale, Campazzo, los dos ahí”, gritó Hernández. Los pibes iban a entrar. Y en la última, el extranjero eligió mal y el técnico lo retó. “Vamo a defender”, dijo “Tato” y miró el tablero, moviendo la cabeza. Seguramente, le pareció injusto el 24-24.
“¿Qué hacés?”, le dijo a Campazzo “Oveja” cuando el pibe le hizo falta a Figueroa sobre el filo de la posesión. Poco le importó que antes el juvenil clavara un triplazo.
Peñarol se escapó 32 a 25, Sánchez pidió minuto y Ale Diez estuvo mordiendo un algodón por un corte en la boca mientras Hernández dio la charla. Después salió para que lo atendieran.
A pesar de no jugar bien, Leiva se paró del banco para aplaudir la entrega tras una seguidilla de rebotes ofensivos. El 44 a 37 final, con los dos libres de Leo, dejó una interesante distancia, aunque “Oveja” no se fue muy contento.
Lo Grippo hizo una falta en el inicio del tercero y Hernández, bromeando pregunto “¿no es la quinta?”. Y tras un triple de Campazzo, el banco y el “Poli” explotaron a la vez. “¡Vamooo!”, gritó Gutiérrez y movió sus brazos exigiendo ruido.
Con un gran comienzo de tercer cuarto, “Tato” sintió que la gloria estaba cerca y se agarró la sudadera con las dos manos y la retorció. Tenía la mirada perdida. “Vamos Marcos”, le gritó a Mata cuando volvió “a la Tierra”. Y Lamonte, que vivió casi más intensamente el partido desde el banco, no se sentó. Y el que tampoco lo hizo fue Leo en un cambio. Le dijo a Rodrigo “me pegan por todos lados y no cobrás nada”. Y luego se quedó parado, apoyado en el hombro de Vega. Luego se arrimó Mata que le comentó “me están cagando a foules b…”. Le contestó con un “vamos, vamos papá”. Luego, Lo Grippo se arrimó a pedirle una toalla a Guidolín y el utilero bromeó. “Pará un poquito che”, y sonrieron. El 59 a 47 del tablero, marcó el final del tercer cuarto.
Tras el volcadón de Lamonte, todos sintieron que ya estaba cocinado, pero “Oveja”, casi conmovido, no pudo salirse de su rol y con los dos dedos índices se apuntó la cabeza. Que piensen y estén tranquilos era el mensaje. Pero un doble y falta de Leiva con suspenso, generó otro estallido y todos sintieron que era el golpe. “Tato” se metió en la cancha y lo gritó hasta que todos los músculos del cuerpo se le marcaron. “Vení, vení, cantá conmigo...” entonó la gente, pero Hernández los calmó con las dos palmas para abajo. Faltaban unos minutos, pero el aroma de campeón ya se sentía. Solo restó esperar el final, aunque un rato antes, en el banco ya había lágrimas y abrazos, con la satisfacción del mayor anhelo conseguido. Restaban 3´ y Hernández mandó el protocolo a vaya a saber dónde y levantó sus brazos. El también se sintió realizado y pidió que la gente delire. Antes, dejó un “qué jugador es ese hijo de puta eh. En estos partidos, explota”, comentando sobre Leo Gutiérrez con Ale Diez. El campeón de todo, había hecho otro doble hermoso. Y fue el final. Abrazos, aplausos, cantos y llantos, de jugadores e hinchas, colmaron un Polideportivo ya colmado.
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