Leo Gutiérrez, estrella de la Liga Nacional y figura de Peñarol, charló en exclusiva con El Atlántico. El cordobés repasó su exitosa carrera, habló de su temperamento ganador, y dejó en claro que va por más logros. Además, anunció un posible alejamiento de la selección.-
No hay título que logre saciar las ganas de Leonardo Gutiérrez de seguir festejando. Por eso, dentro de la Liga Nacional, se ha convertido en un talismán para aquellos equipos que quieren festejar al final de la temporada. “Leo” ostenta seis títulos en la máxima categoría del básquetbol argentino. Fue campeón en Olimpia de Venado Tuerto (95/96), Ben Hur (04/05), Boca (06/07) y Atenas (98/99, 01/02 y 08/09). Además, tuvo éxitos internacionales con sus respectivos clubes y es un integrante importante de la Generación Dorada que llevó a la selección Argentina a lo más alto del baloncesto mundial.
A pesar de haber dado la vuelta olímpica en junio con Atenas, el cordobés sigue enchufado y va por más. Llegó a Peñarol y cambió insultos por aplausos. Si bien el “Milrayitas” 2009/10 todavía no enamoró a sus hinchas, él ya se los metió en el bolsillo con su carácter y su calidad de jugador.
El as de espadas del equipo de Sergio Hernández dialogó en extenso con El Atlántico y habló de su vida, de lo que elige en sus pocos ratos libres y de una carrera plagada de triunfos. “No me gusta perder a nada”, reconoció reflejando parte de su personalidad. A los 31 años, el ala pívot nacido en Marcos Juárez disfruta del crecimiento de sus hijos junto a su esposa Fernanda, al mismo tiempo que se adapta a una ciudad que lo recibió con los brazos abiertos. Precisamente en Mar del Plata, es donde Leo quiere alcanzar un nuevo objetivo: “me falta ser campeón una vez más”.
-¿Cómo te trata Mar del Plata? ¿Tiene los lugares que necesitás para “desenchufarte”?
-Sí, realmente sí. Estoy muy cómodo, la ciudad me trata muy bien. Me gusta la tranquilidad que tiene Mar del Plata en este momento. Me dijeron que en el verano se vuelve un poco más “loca”, pero vamos a estar poco tiempo así que lo vamos a tomar con tranquilidad.
- ¿Cuándo eras chico venías con tu familia a veranear?
- Particularmente me fui a los 15 años a jugar a Olimpia (Venado Tuerto) y tuve cero vacaciones. Venía sólo a jugar al básquet, cuando estaba el Superdomo acá. Conocí muchos lugares de Argentina y del mundo gracias al básquet, entre esos Mar del Plata. Si no fuera por el básquet me quedaba en Marcos Juárez a jugar con mis amigos.
-Firmaste un contrato por dos años con Peñarol. ¿Se tiene en cuenta la ciudad a la que uno va a la hora de definir el futuro?
-Sí, en mi caso era Córdoba o Mar del Plata, que son dos ciudades muy lindas para vivir. No conocía cómo se vive en esta ciudad, pero todas las personas con las que había hablado me habían dado buenas referencias. Uno siempre toma la decisión de estar cómodo con la familia y en un lugar tranquilo, sacando lo económico. Yo estuve en Rafaela dos años y es una ciudad tranquila y chica.
-¿Qué hacés para distraerte en los días que no jugás, como en el último fin de semana?
-Estoy con mi familia, a mí me gusta quedarme en casa pero a mi señora le gusta pasear e ir de compras, así que me tengo que poner los pantalones e ir, no queda otra. Pero particularmente me quedo con mi nene (Francisco) a jugar a la Play (Station), miramos tele y nos gustan las mismas cosas a los dos, porque él ya es grande. Nos quedamos en casa, me voy a lo de “Ray” (Raimundo Legaria) o nos juntamos con Martín (Leiva), que ya hace muchos años que estamos juntos. Me gusta comer asado, el sábado pasado hicimos uno con los chicos.
-¿Cuándo dejes el básquet vas a vivir en Córdoba?
-No creo que viva en Córdoba. Seguramente viva en Venado Tuerto, el lugar de mi señora. O quién sabe si no me quedo en Mar del Plata, si es que vivo muchos años acá. La idea es irme a vivir a Venado e instalarnos ahí. Tenemos familiares, amigos y yo estoy cerca de Marcos Juárez, así que la idea primaria es esa. Pero uno nunca sabe, siempre decís que vas a un lado y después te enamorás de una ciudad donde se puede vivir bien y cambiás de opinión.
- Pero las ciudades tranquilas, donde los chicos pueden crecer y jugar en la calle, deben ser atractivas para vos.
-Sí, pero ahora en la calle no se puede jugar más. Es un lío en todos lados. Pero sí, me gusta la tranquilidad y para que los chicos crezcan bien y disfruten del aire libre, las ciudades chicas siempre son más cómodas. Pero Mar del Plata no es tan grande y no es para tener miedo y decir que uno no va a quedarse acá.
-Cuando ganaste la última Liga con Atenas dijiste que no te ibas a ir. Surgió lo de Peñarol y te fuiste porque te sedujo mucho la propuesta. ¿Seguís pensando en terminar tu carrera en Atenas?
- Uno nunca sabe, la idea era quedarme en Atenas porque realmente estuve cinco años y me sentí muy cómodo. Pero esto es un trabajo y un negocio para todos. Para mí, para los dirigentes de Atenas y para los de cualquier club y hay que tomarlo como tal. El corazón tiene que quedar aparte cuando uno toma las decisiones. Yo tomé la decisión de venir a Mar del Plata porque me gustaba el proyecto deportivo que había y económicamente era muy bueno. Retirarme o no en Córdoba no varía el pensamiento que tengo. Puedo decir que me quiero retirar en Córdoba y puedo llegar a terminar en Independiente de La Pampa. Estoy abierto a todas las posibilidades en mi carrera. Dije que me quería quedar en Córdoba y terminé en Mar del Plata, porque busco mejorar en mi carrera tanto deportiva como económicamente. No me puedo estancar en un lugar porque el corazón me llama.
LA SELECCIÓN: CERCA del ADIÓS
-En 2006 te casaste y te dieron unos días de licencia en la selección nacional que entrenaba en Olavarría. Sin embargo vos volviste a las prácticas enseguida porque dijiste que no te sobraba talento. ¿Realmente pensás eso luego de todo lo que lograste?
-Y sí, no tengo talento como Carlos Delfino o Emanuel (Ginóbili), que son talentosos jugando. Yo lo hago porque soy caradura en muchos sentidos, voy al frente y tengo la suerte de tener un tiro de tres puntos que me abre mucho el campo de juego. Pero no es que tengo un talento innato de jugador de básquet. Por eso me cuesta mucho volver cuando estoy parado. Me cuesta en lo físico y en lo táctico, entonces prefiero no parar mucho tiempo. Yo creo que el año que viene va a ser el último en la selección, después de jugar el Mundial voy a tener que ver cómo hago para que no me cueste tanto al volver de una liga a otra. Después de este año veremos como lo hago, me tendré que poner un preparador físico personal (risas).
-El tiro de tres puntos es tu principal arma. ¿Siempre fue así?
-No, yo cuando empecé a jugar saltaba mucho y me gustaba defender mucho.
-Ganaste un torneo de volcadas.
-Sí, gané un torneo de volcadas, pero para mí que se confundieron los que pusieron el puntaje (risas). Porque estábamos con “Chapu” (Andrés Nocioni) y le gané por un punto. Pero con respecto al tiro de tres puntos, yo tiraba desde la “bocha”, a seis metros, de frente y de costado. Un año me agarra Marcelo (Milanesio) y me dice “¿Por qué no das un paso para atrás y tirás de tres?”. Lo que pasa es que la cabeza, cuando vas más atrás, te juega en contra porque pensás que estás atrás de la línea de tres puntos. Pero empecé a tirar, a practicar y fuimos a jugar un torneo Provincial en la zona de Córdoba donde tiré bastante. Después fui a un Argentino en San Francisco, que fue el único que jugaron Marcelo (Milanesio), “Pichi” (Héctor Campana) y Diego (Osella) y salimos campeones. Ahí tiré un poquito más y cuando volví a Atenas, en un partido tiré cuatro y metí tres. Desde ahí, no paré (risas). Cambié mi forma de juego, antes iba mucho al poste bajo, tenía un tiro de media vuelta que lo usaba mucho y me fui alejando. Ahora intento jugar desde la línea de tres para adentro.
-Si bien en las selecciones el nivel de scouting (estudio del rival) es muy bueno, a veces parece que sorprendés con tu tiro, sobre todo ante equipos europeos.
-Lo que pasa es que si tenés la suerte de jugar con Ginóbili, Scola en el poste bajo, Nocioni y Pablo Prigioni, es obvio que te van a dejar solo porque sos el menos conocido. Después cuando metés un par de tiros de tres puntos te empiezan a ajustar un poco. Pero al jugar un pick and roll con Emanuel en la selección o con Pablo, los rivales van a hacer sí o sí un step u otra cosa y vos quedás solo abierto y la tirás porque son tiros que uno tiene que tomar.
Has moldeado tu personalidad al lado de jugadores muy experimentados hasta transformarte en referente. ¿Cómo te sentís en ese rol y cómo viste esa evolución?
-Yo empecé con muchos jugadores grandes, de experiencia como (Sebastián) Uranga, Campana y muchos que eran líderes. Así vas aprendiendo. Yo lo llevo con tranquilidad, tampoco me gusta que me cataloguen como líder de un equipo. Lo que hago es hablar mucho y a veces hasta pelearme con mis compañeros, pero de buena onda, de decirles las cosas como realmente son para que reaccionen o se den cuenta en el momento. Tengo un carácter bastante especial dentro del campo de juego, soy bastante llevadero afuera pero hasta ahí nomás. Lo que pasa es que no me gusta perder a nada, entonces eso te lleva a tener temperamento y que tus compañeros te sigan como un poco el líder de un equipo, pero lo tomo con tranquilidad, no es que soy un experimentado y digo qué hacer. Intento hablar cuando hay que hablar y soy de sugerir cosas.
-¿En la Generación Dorada se han juntado varios con esas características?
-Temperamentales muy pocos. Éramos tres de temperamento duro: Hugo Sconochini, “Chapu” y yo. Los otros eran más “tranqui”, más pensantes. Nosotros lo hacíamos más con el corazón que con la cabeza. Pero lo bueno es que teníamos esos jugadores, otros que pensaban y otros que ejecutaban. Se hizo un grupo bárbaro, tanto dentro de la cancha como afuera.
-Fuiste de menor a mayor en la selección. Si bien empezaste en 1999, tuviste pocos minutos en los Juegos Olímpicos de Atenas y terminaste con gran protagonismo en Beijing.
- Sí, yo empecé jugando mucho en el 99, en Bahía Blanca, en Puerto Rico y Canadá. Ahí jugamos el Panamericano y jugué mucho tiempo. Después los minutos empezaron a decaer un poco y era normal por la clase de jugadores que venían y que no habían ido a esos torneos, como “Fabri” (Fabricio Oberto), el “Colo” (Rubén Wolkowyski). Pero siempre estuve ahí y se me daba la oportunidad de jugar distintos torneos, a pesar que en los importantes no tenía tanta participación. Había participado más en el Mundial 2002 (NdR: Subcampeón en Indianápolis), que en los Juegos Olímpicos de 2004. Pero siempre preparado, contento de estar y dando gracias a Dios de ser parte de esa generación que le dio tantas cosas al básquet. Cuando llegó el momento de jugar, como siempre estuve preparado y sabía que lo podía hacer, me salió bien y lo disfruté al máximo, porque fue como una revancha de todas las cosas que había vivido en todo ese tiempo.
- En el Mundial Sub 22 de Australia en 1997 (cuarto puesto) pareció gestarse esta generación. ¿Cómo toman ustedes ese torneo?
- Nosotros veníamos jugando desde Cadetes algunos y de Juveniles la mayoría, hasta ese torneo. Después al año siguiente dieron el salto varios a la selección mayor, entre ellos “Pepe” (Juan Ignacio Sánchez), “Manu”, “Fabri”, “Pala” (Leandro Palladino) y Lucas Victoriano, que los llevó Julio Lamas al año siguiente en el Mundial (NdR: los tres primeros). Hasta el 99’ fueron dos años en los que jugamos todos los torneos de cada categoría y algunos fueron a los Mundiales mayores o a los Sudamericanos. Pero sí, empezamos ahí en el Sub 22.
-¿Te sentís un elegido por la carrera que hiciste y por formar parte de ese grupo?
-Lo tomo con tranquilidad y sé que todo lo que tuve la suerte de ganar fue por trabajo y por mucho sacrificio. Tuve la suerte de estar en muy buenos equipos y con muy buenos compañeros que dieron todo para conseguir esas cosas. No porque estaba yo, en los equipos de Liga, ganamos campeonatos. Jugué con grandes jugadores, en grandes equipos, jugué poco en algunos, mucho en otros y estuve con grosos, como “Pichi”, Marcelo y Diego Osella. También compartí la selección con enormes jugadores, como “Manu” y “Chapu”. Lo tomo como un regalo por el sacrificio, por estar siempre lejos de la familia y por todo lo que uno deja de lado. En este deporte te hacés grande de chico y si te sacrificás y le das para adelante podés llegar a conseguir cosas y yo tuve esa suerte.
- ¿Hay algún chico que te sorprenda por su buen nivel y su carácter en las nuevas camadas?
-A mí me gustaba un jugador que ahora está en Europa, que es Federico Aguerre, que se lo llevaron a España y creo que se tendría que haber quedado un par de años más en la Argentina, jugar la Liga un par de años y después irse. Ahora me parece que está jugando en una División muy inferior y no le sirve de nada. También me gusta mucho (Facundo) Campazzo por la forma de jugar, creo que puede llegar a ser un muy buen base porque trabaja bien.
-Sos hincha de Boca. ¿Disfrutaste del fútbol cuando jugaste allí?
-De lo único que disfrute es de dar la vuelta en “La Bombonera”. Entrar a la cancha y ver que estaba llena fue muy lindo. Fue cuando le ganamos la final a Peñarol, un día que había una gran neblina contra Cúcuta por las semifinales de la Libertadores. Estaba la cancha a pleno, entré con mi hijo que también es de Boca, tocamos el piso y me llamaron todos mis compañeros de Marcos Juárez, que son fanáticos perros de Boca, pero perros porque lloran por el club. Me decían: “no lo puedo creer, estás en La Bombonera”.
- ¿Qué significan para vos tus hijos, Francisco (10 años) y Mora (10 meses)?
-Una locura, más crecen y más te das cuento lo que sos para ellos. Yo veo con “Pepo”, que pasa el tiempo y soy todo, su ídolo máximo, el amigo y realmente te da mucha fuerza para seguir trabajando y haciendo las cosas que haces porque ellos lo disfrutan mucho. La nena todavía no se da cuenta y no sé si llegará a verme jugar un poco y entender un poco lo que es todo esto pero con “Pepo” lo disfruto mucho.
- ¿Juega a algo además de la Play?
- Sí, juega al básquet, al golf, al tenis, todos los deportes que puede hacer los hace. Es medio vago para el estudio pero el deporte le gusta.
-¿Y vos en el estudio como eras?
- Igual que él, o peor (Risas).
- ¿Te juntás de vez en cuando con los muchachos de la Generación Dorada?
-Me junto mucho con “Chapu”, cuando él termina su temporada y yo la mía, nos juntamos dos o tres veces antes de ir a la selección. Tenemos un amor en común que es ir a cazar, así que lo hacemos. Con el “Cabezón” Palladino hablamos todo los días, después con los demás nos juntamos en la selección y ahí sí vamos a comer. Pero fuera de la selección no somos amigos, somos muy buenos compañeros pero no súper amigos como para juntarnos.
- ¿Cómo está Peñarol?
- Yo lo veo bien, lo que pasa es que siempre se pide un poco más, hasta nosotros mismos lo hacemos. Pero no es fácil, siempre adelante tenés un rival que intenta que vos hagas las cosas mal y muchas veces lo consigue. Pero lo importante es que vamos ganando, a pesar de no estar jugando todo lo lindo que se puede. Yo prefiero toda la vida jugar feo y ganar partidos, a jugar bien o lindo y perderlos. Si esto nos lleva a salir campeones prefiero eso. Pero sé que tenemos que mejorar muchas cosas y lo estamos haciendo de a poco.
-¿Qué te falta?
- ¿Qué me falta? Uno siempre quiere más, yo todos los años quiero más. Siempre quiero ganar más campeonatos. Cuando se me acaben las ganas de ganar, yo creo que va a ser el momento en el que no me tendré que dedicar más al deporte. Pero gracias a Dios tengo bien puesto en la cabeza que lo más importante de todo esto es el laburo y eso te lleva a conseguir cosas con los equipos. Lo que me falta es ser campeón una vez más.
Una experiencia poco feliz
Si hay algo en la carrera de Gutiérrez que puede quedar en el olvido es su paso por el Drac Inca de Mallorca, en la segunda división de España. Allí, Leo no se adaptó y sólo jugó una temporada (2002/2003).
-Hablábamos de lugares para vivir. ¿Cómo te sentiste en España?
- Mal. Extrañaba mucho, no estaba bien. Tenía mi cabeza todavía en la Liga (Nacional), no me sentí cómodo al irme. Porque cuando llegué pensaba que iba ser otra cosa, me lo habían pintado como una liga argentina y realmente si no vas preparado cuesta, porque los españoles son muy cerrados, ellos piensan que vas a robarle la plata a ellos y te lo hacen sentir. Yo me sentí incómodo, era un equipo de chicos jóvenes y solteros, y yo era el único casado. Se sentía la distancia entre los compañeros. También yo tendría que haberme ido un poco mejor predispuesto de la cabeza para llevar adelante el desafío.
-No te sentiste cómodo fuera de la cancha.
- Ni afuera ni adentro. Terminé jugando de “3”, y defendía a chicos más livianos que yo o del mismo peso pero acostumbrados a jugar en esa posición y me costaba horrores porque eran rápidos y yo era más lento. Además no estaba acostumbrado a salir de un bloqueo y perseguir a un jugador. Es un cambio de juego bastante brusco.
La obsesión de Magnano
Leo Gutiérrez viene de ser campeón en un Atenas que sorprendió a todos por su extrema contracción para defender. Aún con la partida del ala pívot a Peñarol, los cordobeses mantienen su fiereza a la hora de proteger su cesto. ¿El secreto? Tiene nombre y apellido: Rubén Magnano.
-¿Cómo hace Atenas para defender de la manera que lo hace, dejando a la mayoría de los equipos entre los 60 y 70 puntos?
-Es por el entrenador, se entrena mucho eso. Rubén (Magnano) entrena el 75 por ciento en defensa y 25 por ciento en ataque. Él piensa que si defendés bien vas a atacar bien, porque te da tranquilidad para hacerlo. Y eso lleva al equipo a trabajar tanto en defensa que cuando ataca se suelta. Pero los equipos de Rubén tampoco son tan ofensivos que digamos, nosotros hemos ganado partidos 54 a 53 el año pasado. Hubo muchas veces que no hemos pasado los 60 o 70 puntos, pero como defendés tanto tenés la tranquilidad para tomar los tiros que sean necesarios. No son equipos vistosos, pero son efectivos.
-¿Sus entrenamientos son muy duros?
-Entrena mucho. Dos horas, dos horas y cuarto, pero muy intenso. No parás nunca, sólo dos minutos, tomás agua, te indica el siguiente ejercicio y lo hacés. No se habla, no se dice nada en el campo de juego. Él en el parate te dice lo que tenés que hacer. Si no lo hacés a la perfección, te cambia y te sienta. Y así pasa en los partidos (risas).
-Y en lo físico te “mata”.
-Y sí, te “mata” porque te entrena duro. Pero vos tenés el beneficio de que corrés y no te cansás nunca. Yo terminé jugando diez minutos menos que en otros años pero con mucha intensidad. Y eso me hizo bien, descansé más y llegué menos cansado a la selección. Pero a mí me gusta jugar y a veces preferís estar un poco más en el campo de juego.
Por Ricardo Juan y Bernardo Rolón
Groso Rolon!!
Mufettis se lesionó!!!
Inicio | Canales RSS | Depto. Comercial| Contáctenos | Quiénes Somos | Condiciones de Uso